Los aristogatos… fábula, cuento o realidad

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Cuando el encargo de dirigir o encabezar tan solo es delegada a la aristocracia, hace entender que la educación tiene sentidos diversos en cuanto, no tan solo a su concepción, sino a su interpretación y aplicación; o sea, que como en alguna ocasión algún despistado hizo de su necesidad una poesía, y de esa poesía una canción que en la voz del Comanche, paseaba una tonadita que todos escuchaban y repetían, pero que jamás se entendió en su cruda realidad, o simplemente se ignoró por ser parte del ecosistema existencial.
Las casas de cartón, los cinturones de miseria, la explotación, la rebelión en contra de las sociedades opulentas que tenían hasta escuelas para perros, en donde todo era sexo débil, porque el sexo fuerte era el que explotaba, porque tenía los medios para hacerlo, convirtiéndose de explotador, a benefactor; ¡Cómo pretender entrar a ese mundo cuando en una sola lista de competición se ponen al pobre y al rico, al proletario y al financiero, al capitalista y al jornalero, al hombre producto del esfuerzo y del trabajo con el amigo, el compadre o el limpiasuelas; ante todo esto tan solo una pregunta ¿Habrá algún derecho para reclamar, cuando está perfectamente marcado que tan solo por un lado se inclina la balanza con todos los deberes por y para cumplir? Justo ese es el punto medular que ha aniquilado inquietudes haciendo que la inteligencia agache la cabeza para seguir las normas y reglas de la convivencia social.
Hojeando unos escritos de la imprenta de Baltazar González, de Madrid, España, del año 1849, me encontré con una hermosa fábula política de F. de C. y R. EL GATO CANDIDATO.
¡No hay tus tus!, he de serlo, oh mentecatos, he de ser el futuro candidato o no fuera yo el jefe de los gatos. Y en respuesta escuchó, no tan rápido amigo, es menester que hallemos un pretexto, un motivo pequeño, el más modesto, que justifique la elección que hacemos. ¡Qué méritos tenéis y que razones daremos para tu candidatura? ¡Que he sido gato de un portero!, le guardé de ratones su tablero. Y que de hacienda gato he sido, y aprendí de la bolsa los secretos y del papel el curso en el mercado. Esto debe saber un financiero de los que con frecuencia improvisamos, pues amigos ¡bravísimo! ya hallamos, los méritos buscados, y ponerle además que ha servido a un tendero, también a un traficante, comerciante, negociante, banquero, financiero, economista, ¡Oh dicha!, ¡oh gran fortuna!, ¡abrid los brazos!, ¡dadme amigo querido mil abrazos! ¡Ya sois candidato!, ¡Ya cabéis en la lista! Sentóse el gato en la poltrona amada, estrenóse con sendos disparates, continuó luego haciendo desatinos, el gato y compañeros de la hornada, “no te admire lector si entre los brutos, tal práctica viciosa fue seguida, que entre los hombres con iguales frutos, encontrarás la misma establecida”.
Todo es siempre lo mismo; inquietudes muertas o compradas, ilusiones que jamás vieron el exterior, esperanzas que se extinguieron como algo necesario y obligado, jóvenes de empuje que se convirtieron en ancianos precoces empujados, en fin, más de lo mismo en un mundo de siempre, de lo mismo. Esto me recuerda a Don Ricardo Jiménez Oreamuno quien decía: “los jóvenes que están mirando los medios de hacerse hombres si no aprenden a discernir para separar la paja del grano serán arrastrados por la corriente imperante”. LOS ARISTÓGATOS, FÁBULA, CUENTO O REALIDAD.