Lo que está en juego

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Para cuando lea estas líneas, amable lector, estaremos a dos semanas de la elección presidencial. No es cualquier elección, realmente estará en juego el destino de nuestro país y por tanto el futuro de nosotros y de todos aquellos a los que amamos y estimamos. Lo que hemos construido con tanto esfuerzo a lo largo de nuestras vidas podría recibir un estímulo tremendo si entre todos elegimos al candidato adecuado y, al contrario, si nos equivocamos en conjunto, podríamos dar al traste con las expectativas de sectores muy amplios de la población, desde millones de jóvenes entre 18 y 35 años que requieren educación de calidad y empleo bien remunerado hasta los millones de personas que aún viven en el umbral de la pobreza o la pobreza extrema y esperan un medio digno para ganarse la vida, no simplemente dádivas.
A ello añadamos un entorno generalizado, con pequeños santuarios como el nuestro, donde priva la inseguridad y el crimen organizado ha hecho de la extorsión, el secuestro, el trasiego de drogas, la violencia en sus varias manifestaciones y mil delitos más el pan nuestro de cada día. Cómo florecer en este entorno adverso cuando hay miedo de salir a la calle, cuando los niños y los jóvenes están en riesgo permanente de su integridad física y víctimas de ejemplos diversos de que el mal comportamiento sí paga.
Y por último pero no menos importante, el tema de la corrupción, que suele achacarse frecuentemente al sector gubernamental pero que en realidad permea en todas las capas y sectores de nuestra sociedad y del que en buena medida todos somos responsables por omisión o comisión, por participación activa o por un mal entendido afán de no meternos donde no nos llaman.
Es un México difícil, lleno de retos formidables que requerirá de un gobernante sereno, preparado, con experiencia, que se rodee de un equipo igualmente preparado, que junto con nosotros, la sociedad toda, continúe construyendo el país igualitario, lleno de esperanza, con expectativas reales de desarrollo del enorme potencial que nos otorga la Naturaleza, nuestra gente y las instituciones que al paso del tiempo han consolidado los logros, que no son pocos ni menores.
Por eso es tan importante ir a votar, no dejar que otros elijan por nosotros, no pensar que las cosas ya están decididas y no hay nada que hacer. Y al momento de ejercer nuestro derecho ciudadano hacerlo pensando en el bien mayor, en el bien de todos. No sé de nadie que quiera vernos gobernados por sectas fundamentalistas, o por gremios deseosos de recuperar sus viejos privilegios, por una variopinta gama de listillos que alientan la vuelta a un pasado que ni fue tan glorioso ni tan maravilloso ni puede restaurarse porque simplemente el mundo ya cambió, estamos en pleno siglo XXI y hay que aplicar las recetas de este siglo y adaptarnos a un mundo cambiante.
Si antes no sabíamos o no nos importaba dónde estaban Corea del Sur o Finlandia o Singapur o Silicon Valley, hoy día estos son nuestra competencia, los jóvenes egresados de nuestras universidades deberán tener la mejor preparación y prepararse desde ya para enfrentar la durísima competencia que la globalización impone. Nos guste o no, no podemos dar la espalda al mundo que nos rodea. El gobierno de un presidente que comprenda nuestra actual posición en el mundo y el reto que ello implica es fundamental para avanzar como país. La nostalgia del pasado sería lo peor que pudiera pasarnos. Eso es lo que está en juego el próximo primero de julio.