Libre maternidad

25

Las gordas también…
Karla Sansores

Aunque hay que recalcar que en las nuevas generaciones se ha ampliado la edad para tener hijos, todavía hay mujeres que desde muy jóvenes se han aventurado a ese enorme y complicado trabajo que es la maternidad.

La amplia gama de posibilidades que tienen las mujeres ahora para dedicarse a oficios a los que nunca antes pudieron aspirar, ha alejado la edad de la maternidad.

Ahora, pese a las advertencias de los médicos de que ser una mamá primeriza después de los 35 años de edad tiene cierto grado de peligrosidad, cada vez son más las mujeres que esperan esa edad o más, para comenzar a ser madres.

Y es que cuando uno se dedica a la vida profesional, se enfoca en esos puntos y olvida (en ocasiones) hasta la vida sentimental.

Una mujer puede decidir sobre su cuerpo y no querer ser mamá.

Una mujer, puede decidir dedicarse solo a lo profesional.

Una mujer puede decidir no trabajar y dedicarse exclusivamente al hogar sin tener hijos.

Una mujer puede decidirse a no trabajar y dedicarse al hogar y al cuidado de los hijos.

Y hay mujeres que quieren ejercer su profesión y tener hijos.

Lo he escrito antes y lo han escrito otras antes, que la maternidad y nuestras elecciones sean precisamente por eso, porque las hemos elegido.

Que las mujeres poco a poco dejemos de estar sometidas a las reglas de la sociedad o porque los cánones así lo dicen.

Y ojalá a partir de esta generación que somos, entendamos que las madres no tenemos la obligación de ser ni abnegadas, ni buenas, ni excelentes domésticas o cocineras.

Que las madres tienen derecho a fallar, a ser el sostén del hogar mientras el padre es el que se queda en casa, sin que nadie se sienta menos o más.

Que si queremos ser madres sea por decisión y no por imposición, que además, aprendamos a no juzgar a las mamás, que si se equivocan, ellas tienen la oportunidad de remediar.

GORDITAS Y BONITAS

A continuación, un texto de la filósofa campechana Jazmín Sansores sobre la maternidad:

“Para Jaspers, la condición humana es finitud y posibilidad, es además ejercicio de libertad.

Creo entonces que la condición de madre, mi condición de madre, ha sido desde el principio un ejercicio de libertad.

Al transformarme en madre inicié de forma voluntaria un viaje en el que mi cuerpo cambió y entonces, lo conocí mejor.

Los temores que sentí durante el crecimiento silencioso de mis dos pequeños me acercaron a la finitud…la mirada sobre la cuna para ver si respiraban, si no tenían frío me hizo comprender la fragilidad de la vida y el estar de “yecto” del que hablaba Heidegger.

El amor que sentí en nuestras primeras miradas, traspasó el concepto platónico y las razones de corazón de Pascal.

La continuidad del amor de pareja se hizo patente en las pequeñas risas y balbuceos….

Entonces no soy la madre abnegada, no soy la del sacrificio ni de la renuncia…

Soy mi ser mujer que se hizo pleno con la maternidad, ser madre es mi forma de ser en el mundo….y soy cada vez más yo en tanto los amo y me doy a ellos, en ese ejercicio de libertad por el cual decidí que sería con-para-ellos.”