Layda, presunta culpable

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En el PRI no hubo autocrítica, en Morena tampoco, Layda es una política que en su venas corre la genética priista, pues lo que bien aprendió nunca lo ha olvidado. Bochornosas han sido las críticas a la senadora con licencia Layda Sansores que la han dejado desnuda completamente como “ladyfacturas” en su frivolidad, luego de hacerse pública su “generosidad” al facturar 700 mil pesos en gastos personales que van desde dos conchas sin azúcar, tinte rojo para su cabello, pasta dental, su despensa, bacalao noruego, jamón serrano hasta una cafetera de 32 mil pesos pagado con dinero del Senado de la República.
Ni los cacahuates japoneses comprados en Campeche Layda quiso pagar con su sueldo de 220 mil pesos mensuales. “Lo que hizo Layda es desvío de recursos porque el dinero que se otorga (en el Senado) es para trabajo legislativo. Pinche Layda, hasta pareces del PRI” se lee en la redes sociales.
Y parece que lo que es vicio en otros partidos se vuelve virtud en Morena. Con estos hechos de Layda, los ciudadanos tendrían la esperanza de ver en la practica la política que proclama este partido político de “no robar, no mentir, no traicionar” y tener la congruencia de al menos admitir el error de Layda y devolver el dinero, pero no fue así. Estuve ahí, lo vi y escuche la paupérrima defensa de Andrés Manuel López Obrador a la señora que dice entender a los pobres, pero vive en Jardines del Pedregal y sus nobles gestos con los trabajadores de limpieza en el Congreso de la Unión que ganan 1,500 pesos pero les rifa cafeteras de 32 mil pesos.
López respondió “los medios de comunicación se han portado requeté bien, la guerra sucia se ha dado en las redes sociales”. Fue todo lo que dijo el candidato presidencial quien minutos antes reiteró en un mitin en Ciudad del Carmen que “si el Presidente es honesto, los demás también lo serán”.
El arca está abierta en el Senado, no solo ha sido Layda, lo han sido todos. No podemos olvidar el shampoo anticaspa del panista Ernesto Cordero y el gasto en comilonas de los priistas. Y la indignación social es contra todos los políticos que han despilfarrado el dinero que no es de ellos sino de todos los mexicanos.
Más allá de la versión que dé Layda, algunas preguntas son necesarias, ¿Puede un funcionario gastar o regalar el dinero de nuestros impuestos de forma discrecional? Hasta el día de hoy sí. Es indispensable que los próximos senadores terminen con el dispendio de las prerrogativas para que nunca más haya otro escándalo así. Mientras tanto Layda es una presunta culpable, aunque por sus venas estén estas viejas prácticas del priismo como la de saludar con sombrero ajeno. Y aunque no lo quieran admitir, aunque se hagan los ciegos y los sordos, Layda traicionó los principios de Morena y es un duro golpe a sus seguidores.
Les dejo un dato para ver si cabe la reflexión a interior de Morena, un obrero mexicano debe trabajar más de 21 años para ganar lo que Layda Sansores gastó con cargo al Senado. Lanzadas las cartas, nos leemos la próxima semana.