Las mentiras de Pinocho

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Carlo Collodi hace menos de 130 años, tuvo la genialidad de escribir una novela tan hermosa que el tiempo le ha dado continuidad y presencia, aún en los peores momentos de la historia de la humanidad. “Pinocho” es el nombre de la misma, que habría que aceptar que es un excelente libro pedagógico que permite aleccionar con efectividad acerca de los valores.
Aclaro que no es un libro diseñado para explícitos procesos de enseñanza y de aprendizaje, a pesar de las continuas referencias al “deber ser” y a la orientación para que los lectores se conviertan en “niños buenos”. Vaya que es un poco contradictorio el decir que su lectura es una lucha por el significado, ya que presenta contraposiciones muy marcadas como aquello que permite reflexionar sobre la vida desde el interior, al enfrentar a la holgazanería con la laboriosidad, o la mentira contra la verdad, o el amor con los sentimientos.
Toda la vida de Pinocho es una constante enseñanza ya que va desde los obstáculos que le impiden el ser un niño verdadero, pero partiendo desde una raíz muy fuerte que es su pobreza y el ejercicio de una niñez plena que le impide pensar en consecuencias y tan solo busca vivir los momentos hermosos de una vida ajena, que él con afán buscaba hacer propia.
Enseñanza? ¡Claro! ¡Mucha!, Si desperezamos el pensamiento y soltamos las amarras de la monotonía derrotista y de aceptación que impide alcanzar la vida que se desea por y para cada uno, se tiene la fuerza suficiente para enfrentar aún a los enemigos más fieros y que no es más que uno mismo, formando el batallón de todos. Se ha olvidado la cita con el grillito, parlante llamado conciencia para despertar del letargo de la somnolencia la autoritaria voz de Geppetto que supo inculcar valores y fuerza a un simple muñeco de madera.
A diario se siguen dibujando imágenes al libro en que uno es protagonista, sin encender ello la mecha de la decisión que haga levantar la cabeza e impida el fanatismo que permite el intercambio de la dignidad por unas cuantas monedas de cobre, y el optimismo carcelario que da paso al disfrute de una torta y un refresco con singular pasión a pesar de saber que ello será el costo de un prolongado silencio y der por voluntad propia, más marioneta que Pinocho.
Y a pesar de que se conocen protagonistas, y de que en cadena nacional se exhiben tan solo los errores y las triquiñuelas como los mejores trofeos de la cacería urbana que los ubica en el punto más alto de la popularidad de un pueblo ávido de justicia pero carente de decisión. O díganme ¿que nombre se le podría poner a un político que acusa de corrupción y deshonestidad a otros políticos olvidándose de que con ello se está calificando a sí mismo? ¿O a quien se cuida de no perder la cartera por la forma fácil de hurto de quiénes con él comparten un espacio?, ¿O como calificar a quienes evaden respuestas por no tener respuestas para ellas demostrando no su capacidad y preocupación para una ocupación efectiva sino tan solo su voracidad para ser, llegar y estar?
Burla mas burla es igual a pueblo herido. El más manso de los corderos ante lo fastidioso de los acontecimientos se convierte y transforma en el más fiero de los leones. Ser o no ser y así seguir con LAS MENTIRAS DE PINOCHO.

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