La soberbia y la prepotencia, males que afectan a muchos políticos

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Así como mucha gente no está preparada para pasar de la pobreza a vivir en la riqueza, así también en la política muchos de quienes participan no están preparados para ascender al poder y ostentar cargos de gobernanza, ya que quien pretende llegar a éstos, casi siempre (hay excepciones), actúa con caretas que disimulan su verdadero yo y solo cuando consiguen lo que quieren o empiezan a escalar posiciones es cuando “enseñan el cobre” y adoptan actitudes hostiles hacia la gente que creyó en ellos y los impulsó, hasta el grado de creerse “dueños de la verdad” y atreverse a acusar y denostar a todo aquel que no está de acuerdo con sus ideas o, simplemente, no comulga con su proyecto político.
En toda actividad profesional, en todo tipo de trabajo existen lisonjeros que viven y escalan puestos precisamente por dedicarse a alabar a sus superiores, a sus jefes directos, y esto es más que común en el ejercicio de la actividad política; también hay quienes llegan a cargos públicos por comprar sus candidaturas. Los políticos que empiezan a encumbrarse en responsabilidades donde son elegidos por el voto ciudadano, generalmente son objeto del halago fácil que muchas de las personas que los rodean le hacen con el fin de quedar bien y asegurar su permanencia en el grupo, pocos, muy contados colaboradores, se atreven a contradecir la palabra del señor (a) diputado,presidente municipal, gobernador o alto funcionario.
La lisonja diaria en la que viven estos servidores por elección hacen que muestren su verdadera personalidad, su real cara, ya que pasan de ser políticos humildes a políticos soberbios y prepotentes que, a fuerza de rodearse de un equipo de chupetas profesionales, se empiezan a creer infalibles y sabelotodo, hasta casi sentirse “dioses del Olimpo” y que nadie debe decirles o señalarles algo en lo que están mal, pues en verdad se sienten “iluminados” y sienten que la gente les debe pleitesía y agradecimiento sólo por el cargo y el poder que ostentan y lo elevado de su ego.
Algunos políticos no ocupan mucho para sentirse omnipotentes y con un simple cargo de regidor ya se suben a su “block” (porque ladrillos aquí en Campeche no se usan), además de que empiezan a cambiar sus viejas costumbres y hasta dejan de hablarle a sus amigos. Y de ser usuario antes de los camiones urbanos, ya con entrar a un pequeño círculo de poder empiezan a moverse en vehículo con chofer al que mandan incluso hasta a comprar las tortillas para su casa, entre otros mandados que no tienen nada que ver con el cumplimiento de sus funciones.
Estos políticos “pagados de si mismos”, abundan cada vez más en nuestro México y no hay partido, color o ideología donde se incuben pues hay que reconocer que nosotros los ciudadanos hemos contribuido también a que proliferen al hacerlos sentir que son “divinidades”. Por eso se deben sus actitudes prepotentes y soberbias y que se sientan “dueños del mundo”.
Y Campeche no está exento de este “ fenómeno de personalidad” que persiste cada vez más en mayor número de políticos, pues resta decir que muchas puertas de nuestros diputados, presidentes municipales y de funcionarios estatales se encuentran cerradas a la ciudadanía ya que las mujeres y hombres que participan en la política local y en la función pública siempre traen la sobada “justificación” de que andan “muy ocupados” o en constantes “juntas” (¿ombligatorias?) por lo que no pueden en ese momento atender los requerimientos ciudadanos. También otro sobado pretexto que argumentan las secretarias y colaboradores de nuestros políticos a la campechana, y por el que no atienden al ciudadano, es que “lo acaba de llamar el Sr. Gobernador” y con eso se la sacan.
Es tal el grado de prepotencia y de soberbia con la que actúan nuestros flamantes políticos locales, que hay diputados que hasta se dan el lujo de no cumplir con sus tareas legislativas y ni propuestas presentan, que además faltan cada vez que se les da la gana a las sesiones, que nunca asisten a las reuniones de sus comisiones y que solo se paran en la tribuna del Congreso para auto promocionarse y a lanzar acusaciones a diestra y siniestra. Sin embargo, son buenos para lucirse como tapa baches, albañiles, jardineros, piperos y acaricia niños, madres solteras y adultos mayores para “vender la idea a la gente” de que sí trabajan y se preocupan por el pueblo, lo que hacen con el único y real fin de seguir escalando posiciones de mayor poder como, por ejemplo, ser presidente municipal. Y “al que le quede el saco, que se lo ponga”.