La responsabilidad de la decisión

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Cuan frecuente es escuchar la expresión, “yo hago lo que me da la regalada gana que para eso soy libre”, sin detenerse jamás a analizar el enorme sentido de la frase que enfrenta que ser libre, no consiste en hacer lo que a uno le pegue la gana. Siempre se podrá escoger la alternativa que uno quiera entre aquellas que se puedan tener disponibles, pero una vez escogida, hay que pensar en las consecuencias que ésta traería por la elección tomada; nada fácil, nada precipitado, y sí con una expansión que pudiera alterar por siempre, aún el rumbo de la propia existencia.
Decidir bien consiste en que sabiendo qué es lo que se quiere, reflexionar detenidamente en pros y contras, en alcances y consecuencias para así poder escoger la mejor acción que conduzca hacia el pensamiento inicial, de la mejor manera y con la firmeza para enfrentar todo lo que tras sí, pudiera arrastrar.
Por ejemplo, si siempre se va a estar haciendo lo que se pegue la regalada gana, difícilmente se podrá conseguir lo que verdaderamente se necesite o requiera, para enfrentar de la mejor manera la coexistencia social. Si no se sabe lo que se quiere, qué es entonces lo que da la regalada gana de hacer. Empezar un proyecto y dejarlo porque no es eso lo que se quería, empezar una carrera y descubrir que fue un error haberlo hecho, descubrir que te mereces todo porque te sientes y te crees la divina garza envuelta en huevo, son acaso los nuevos valores que hay que blandir para hacer entender que se es diferente al no aceptar el mundo de obligaciones, cobijándose en la sábana de seda que tan solo envuelva los derechos?
Apelar a la libertad es también apelar a la responsabilidad, porque ejercer la libertad es educarse para aprenderla y enseñarla con justeza y congruencia.
Expresiones van y expresiones vienen y desafortunadamente el error solamente viene de aquellos quienes son envidiados por estar, no importa como esto haya sido, en lugares que otros jamás se atrevieron a buscar. Ejercer bien la libertad requiere de conocer la verdad, luego entonces es fácil responder que si uno no conoce la verdad cómo puede calificar entre lo que es bueno o es malo, pues hablar a la ligera es la cárcel que encadena de manera perpetua al individuo que le cierra el sentido a la razón al no querer tomar la llave de la decisión en la hermosa frase de que “la verdad es la única que os hará libres”.
“Dije y respondo por mis palabras”, “hice y respondo por mis hechos”, vaya, ¡asumo la consecuencia de mis actos con responsabilidad!, eso es lo que se busca en el reclamo social en todos los rincones del planeta.
En qué piensa la clase que dirige pueblos, municipios y países, si en vez de trabajar en el equilibrio armónico y las oportunidades libres y democráticas, dejan de pensar en los ciudadanos para seguir girando en torno a su propio grupo de opulencia y poder? ¡Es claro que lo que ellos discuten y definen no tiene nada que ver con la vida diaria de esa gente que está ávida de volver a creer, que quiere recuperar su dignidad empeñada por espejitos y cuentas heredadas por los conquistadores!, ¡No sé, algo tiene que cambiar, algo va a cambiar! ¿tiempo al tiempo? ¡Sólo es hacer uso de LA RESPONSABILIDAD DE LA DECISIÓN!