La Perla del Golfo

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Oscar Rosas González, alcalde de Carmen, entra por la puerta grande a la sede municipal de la isla. Sin coros celestiales, el priista asume esa responsabilidad plenamente convencido de que llega en un momento difícil, complicado, de grandes retos financieros por las condiciones en que recibe el erario del Ayuntamiento. También, por los deslices personales y de grupo del pasado proceso electoral, que dejó muchos cadáveres políticos regados en el pavimento.
Oscar no llega engañado a la Presidencia Municipal de Carmen. Manifiestamente sostiene que no le temblará la mano para tomar decisiones que realmente beneficien a los carmelitas, mediante una agresiva pero respetuosa gestión de recursos ante las instancias estatales y federales, sea Gobernador o Presidente, este último con una conformación genética y partidista distinta a la suya.
Si se toma en cuenta que el petróleo será tema que replicará en la conciencia de los carmelitas en los próximos seis años, a partir de la instalación de las centrales de Pemex en ese lugar, entonces se puede hablar de grandes expectativas de crecimiento en Carmen, a la par con la vigencia de la Zona Económica Especial decretada hace algunos meses.
Por todo lo que viene, Carmen revaloró su importancia estratégica el 1 de julio pasado, cuyo veredicto final se alargó hasta la última instancia judicial electoral. La desesperación por alcanzar la “Estrella de Belén” para ser testigos del nacimiento celestial, encabritó a algunos entes políticos. Sus pecados fueron superiores a sus virtudes. Pero eso ya es historia.
Rosas González tiene frente de sí el compromiso de no fallarle a quienes confiaron y siguen confiando en él, aunque ahora gobernará para todos sin distingo de partido y condición social; sin importar rango ideológico, religioso o preferencia sexual; de género, número y persona; de color de piel y capacidad intelectual. Si es o no es carmelita.
Sacar del atolladero al pueblo de Antón de Alaminos no será tarea fácil, ni se logrará sólo con buenos deseos. Se necesita algo más que eso para hacer la diferencia entre el pasado y el presente, lo que no se consigue a la vuelta de la esquina ni en los “mercados sobre ruedas”. Habilidad, honestidad, destreza política y, sobre todo, capacidad de diálogo, los recursos pertinentes para convertir la piedra en pan. ¿O el pan en piedra?
Rosas ya obtuvo lo que tanto luchó. Ahora, a demostrar lo que dice sabe hacer, lo que tantas veces arengó en el discurso: gobernar a un pueblo lastimado severamente por la crisis petrolera, pero también por la crisis política que más daño ha ocasionado que la misma afectación económica. La creencia entre los locales de transformar a Ciudad del Carmen en el Dubái mexicano y hasta la idea de erigir a ese municipio en la entidad federativa 23, de pronto se esfumó.
Lo cierto del caso, es que el país tiene una deuda histórica con Carmen. Los últimos Presidentes de la República prometieron y prometieron en campaña, aunque hay que reconocer que el saliente Enrique Peña Nieto fue más concreto en los compromisos que asumió con los carmelitas. El único pendiente, el nuevo Puente de la Unidad en construcción. Evidentemente, falta mucho por hacer para otorgar justicia a nuestros hermanos insulares, los directamente afectados por la debacle petrolera mundial.
Oscar Rosas González, con buen gobierno, tiene la oportunidad de resarcir rezagos e impactos negativos. Llega con María del Jesús Bolón Cano, primera regidora; Perfecto Balán Chi, segundo regidor; Domitila Rico Camacho, tercera regidora; Luis Ramón Peralta May, cuarto regidor; Beatriz del Carmen Arcila Flores, quinta regidora; Miguel Ángel Puch Rivera, sexto regidor; y Ariana del Rocío Rejón Lara, séptima regidora. Asimismo, Sergio Cruz Montes de Oca, primer síndico, y Elia Fabiola Zavala Díaz, segunda síndica. La mesa está servida.