La obsesión que puede derrumbarlo construido con esmero

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La Universidad Autónoma de Campeche se encuentra hoy en el ojo del huracán. La lucha por la dirigencia del Sindicato Único del Personal Académico de la máxima casa de estudios de Campeche (Supauac) ha iniciado y su común denominador es de nuevo Joaquín Antonio Berzunza Valladares, quien pretende llegar a 20 años al frente de ese organismo.
Para ello ha conformado un comité integrado por ¡más de 240 docentes universitarios en su planilla Blanca!, y si tomamos en cuenta que son 600 los que tienen derecho a voto, pues al menos ya tiene asegurado el respaldo de la tercera parte, y eso, sin duda, evidencia que en este proceso se jugará con “dados cargados”, aunque digan lo contrario y hablen de un proceso democrático.
Conozco a Joaquín Antonio, muchas veces lo he entrevistado a él y a su padre Joaquín Berzunza Pascual, profesor de profesión y político de izquierda, sé de antemano que es buena persona, amable, educado, me llevo muy bien con él, pero eso no me impide señalar las cosas que hoy veo y que amenazan con echar por tierra lo bueno que ha hecho durante los 16 años al frente de la Supauac.
Joaquín debe analizar los riesgos a que se expone en esa obsesión de continuar al frente de los académicos universitarios, y para ello debe reflejarse en los casos de Martha Albores Avendaño y de  Laura Escalante Canto, por citar sólo algunos, que hoy han visto manchada su imagen y su reputación, justificada o injustificadamente, por esa necedad de mantenerse a como dé lugar al frente de sus respectivos sindicatos.
Considero que ya es tiempo que Joaquín de paso a nuevos liderazgos, a nuevas opciones, a un cambio que siempre será sano y adecuado para la marcha en la vida sindical. Está ante la oportunidad de retirarse con todos los honores y no con la cobija arrastrada, pues entre los propios integrantes de su comité se habla de un apoyo a conveniencia, y eso ya no es liderazgo.
Ese sindicalismo que se mantenía a costa de lo que fuera y que tanto daño le hizo a la vida laboral en el país, ya ha expirado y salvo contados casos, como los antes mencionados en el ámbito local, el sindicalismo moderno empuja fuerte y tarde o temprano se va a asentar totalmente en Campeche y por ello Berzunza Valladares está ante una buena oportunidad de salir con blasones, de retirarse con honor.
Hay que recordar que no hace mucho  el golpeteo en su contra, y que salió de su mismo comité, lo hizo trastabillar cuando evidenciaron el uso de las instalaciones deportivas universitarias para el festejo del cumpleaños de uno de sus familiares, eso debe ser un llamado para que se dé cuenta que las traiciones están a la orden del día, pues no ha dejado crecer a otros que también tienen sus aspiraciones.
Conozco académicos y a compañeros reporteros que me han comentado que están con Joaquín por conveniencia, porque los apoya, pero que si el día de mañana otro asume el cargo, irán a ofrecer sus servicios, por eso es que debe estar muy consciente que esa delgada línea que separa lo bien hecho y el hartazgo que daña, está ahora más que nunca debajo de sus pies.
Joaquín me comentó hace unos días, que hoy más que nunca está en plena madurez como dirigente sindical, que ahora, en esta ocasión, es cuando mejor preparado está para llevar las riendas de ese organismo, pues ya conoce a perfección la Ley Orgánica Universitaria, e Contrato Colectivo de Trabajo y otros reglamentos. Mi pregunta es: ¿le llevó 16 años capacitarse?
En fin, la decisión es de él y de los 600 académicos universitarios que el 5 de diciembre tendrán la oportunidad de continuar cuatro años más con el mismo secretario general desde hace 16 años, o dar oportunidad a la oxigenación y al cambio que ofrece opciones diferentes. Al tiempo.