La mentira como verdad de vida

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Siempre se llega a un punto a partir del cual la mentira resulta contraproducente. Cuando tu vida depende de que actúes como si creyeras, “no importa qué es lo verdadero o qué es lo falso”.
Hanna Arendt en su “Verdad y mentira en política”, (traducido por Roberto Ramos Fontecoba), distingue entre una verdad racional y una verdad factual, o sea una relación de comparación entre la verdad matemática que se opone a la ignorancia o al error y la segunda que tan solo está basada en la ilusión y la mentira.
Quien analiza y entiende propone y calla, pero quien solo repite lo que los otros ignoran pero lo llenan de especulaciones y calificativos, generan hechos que son los que dan forma a las opiniones anteponiendo como aclaración para ello, que la libertad de opinión es una farsa si no se garantiza la información objetiva y no se aceptan los hechos mismos, porque los hechos, siempre van a estar más allá de acuerdos y consensos. Otro aspecto de singular importancia pisoteado como la dignidad misma del hombre.
Se ha convertido en Ley la aceptación de comentarios y la distorsión de acciones tan solo por el afán de destruir, pero el problema no radica en ello, sino en todos aquellos que aceptan en el juego del poder, la mentira, que entre todos habrían de convertir a fuerza de repetirla, contarla, y rehacerla, en su verdad sin pensar en consecuencias, morales, familiares y de convivencia social, sin la más leve sensación de arrepentimiento, pues los sentimientos se encuentran atados a compromisos de destrucción sin pensar en las historias que en algún momento enfrentarán a los protagonistas, con sus acciones en el correcto y puntual ciclo de la vida. “No solo es hacer, sino esperar enfrentar tus propias acciones”.
Fernando Vallespín, aplicaba una hermosa frase para las democracias modernas y lo establecía con firmeza cuando afirmaba: “La mentira os hará libres”, pues todo lo confrontaba con las promesas incumplidas, las justificaciones a la inoperancia, siempre culpando a los protagonistas anteriores aún vinieran siendo sus hermanos, la diaria cantaleta del “pero ahora sí vamos con rumbo definido”, pero de igual manera aseguraba que el despertar de la conciencia ciudadana ya estaba en ciernes, pues se empezaba a sospechar, el hilo de la desconfianza empezaba a ser notorio para de ahí rasgar la armadura del poder, la sociedad empezaba a generar la búsqueda de su propia y auténtica verdad.
El retorno con Arendt es obligado, puesto que ahí condena a la mentira como producto de la imaginación, y que sin testigos, “las mentiras resultan mucho más verosímiles, más atractivas para la razón, que la realidad, porque quien miente tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia espera o desea oír”. (Aunque en circunstancias normales, el mentiroso debiera ser derrotado por la realidad).
Este ha sido el acontecer de las organizaciones sociales desde las diversas épocas hasta la actualidad, que demuestra a plenitud el manejo y el manipuleo de inteligencias dirigidas para actuaciones mecánicas y programadas, y de las inteligencias dormidas que en su eterna quietud seguirán siendo motivo de la historia para que ésta no cambie y ellos pasen tan desapercibidos tal vez como una verdad, o una mentira.
No es engañar al enemigo sino al amigo, verdad, mentira, hechos alternativos, nada importa mientras se tenga a LA MENTIRA COMO VERDAD DE VIDA.
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