La diferencia

10

Desde hace más de 12 años, el candidato presidencial de la coalición “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador, ha tomado como bandera de lucha electoral acabar con la corrupción, meter a la cárcel a los políticos corruptos y ladrones que tanto daño han causado al país, a grado tal de relacionar el acabose de esta práctica centenaria con la solución de todos los problemas que enfrenta México, una vez encaramado en la principal silla de Palacio Nacional.
La explotación de esta temática, que rocía como agua bendita sobre las clases populares y en condición de pobreza en cualquiera de sus modalidades, conjuntado con la indignación de millones de mexicanos por la actual situación económica que resiente la nación mexicana, le ha redituado al tabasqueño buenos dividendos, como en 1997 a Layda Sansores Sanromán, en la búsqueda de la gubernatura del estado.
López Obrador se dice honesto, y honesto todos los que le acompañan en la travesía presidencial que tilda de trascendental. Y sí lo es, porque -a decir verdad- históricamente se encuentra en posición inmejorable para que sus sueños se hagan realidad y evite irse a su ranchito que se ubica en Chiapas, como prometió hace seis años si perdía la elección presidencial. Perdió y no se fue. Mintió. Hoy, AMLO, dice predicar con el ejemplo en sus alboradas políticas a lo largo y ancho del país.
Honestidad y anticorrupción, dos términos que el tabasqueño utiliza a priori en sus sermones. Un doble discurso porque no es honesto y si corrupto, aunque ha sido inteligente para no manchar su plumaje con el lodo de corrupción que destilan quienes se encuentran a su diestra y siniestra. Es el único político en México que no paga impuestos, cuando que hasta el trabajador más modesto es “apergollado” por la SHCP en contribuciones. Entonces, ¿es honesto o deshonesto Andrés?
Por otro lado, basta ver la lista de personajes corruptos y ladrones que conforman su equipo cercano. Si habla de honestidad y de lucha contra la corrupción, debería comenzar por meter a la cárcel a quienes, en algunos casos provenientes del PRI y PAN, asaltaron la confianza ciudadana al verse involucrados en actos de corrupción, como él mismo reconoció en otros momentos. Qué responda “sin chistes ni payasadas” sobre la trayectoria de Poncho Romo, uno de sus principales operadores
¡Ah! Pasaba por alto decir que esos personajes ya están absueltos de sus pecados.  El señor los perdonó y se encuentran limpios en la vestimenta, pero cargan en la conciencia más suciedad que el caño de la corrupción al que hace referencia cuando habla de los políticos saqueadores y ladrones, situación non grata para la buena imagen de un personaje que lucha por el puesto de mayor envergadura que mexicano alguno pudiera aspirar.
Pero, ¡oh, my God! En momentos de tensiones y devociones por la elección presidencial, Layda Sansores, protegida de López Obrador, vuelve a ser noticia, al ocupar primeras, segundas y terceras planas de periódicos y otros espacios informativos, a raíz del reportaje presentado a mediados de semana en el noticiario En Punto, de Televisa, en donde se dio a conocer que entre 2016 y 2017, la senadora con licencia facturó a nombre del Senado de la República gastos personales que ascienden a 700 mil pesos.
Los gastos facturados por la también candidata a la alcaldía de Álvaro Obregón por la coalición “Juntos Haremos Historia”, no están para nada relacionados con la labor legislativa. Mire nada más: desde tintes para cabello, desodorantes, pastas de diente y despensas; maquillaje fino, joyería, ropa, bolsas, juguetes, línea blanca y línea negra, hasta la confección de una mascada y un vestido con la cara de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Y uno se pregunta, ¿esto no es corrupción? ¡Me están difamando!, argumenta la señora. Pidió réplica.
El hecho que involucra a Layda, desde luego, tiene cola. Y no es precisamente de pejelagarto, sino por la red de corrupción, la serie de componendas políticas vergonzantes que es práctica común no sólo en el Senado, sino también en la Cámara de Diputados, al aceptarles a las legisladoras y los legisladores facturas que dan risa y que nada justifican las “dietas” que se les entrega para la realización de actividades a favor de sus representados. De los “fregados” y necesitados.
No obstante, llama la atención que en momentos en que el inmaculado habla en llano y separa las aguas para liberar a su pueblo de la “mafia del poder”, se exhiba en el tendedero político estas cositas de la hija de Carlos “El Negro” Sansores, poniendo en entredicho la proclama de honestidad y la lucha contra la corrupción que ha emprendido como pasaporte hacia la inmortalidad.
La diferencia entre honestidad y corrupción ¿sería Andrés Manuel López Obrador? Unos dicen que sí, otros dicen que no. Lo cierto del caso es que los corruptos y saqueadores incrustados en todos los partidos políticos, incluso Morena, partido del señor de Macuspana, nos hace reflexionar de que los valores como la honestidad misma, están lejos de ser una realidad en quienes aseguran ser la esperanza de México. ¡Y qué esperanza!