Fiesta: Herencia milenaria

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Cuando en la antigüedad se realizaban las fiestas dionisiacas, que posteriormente serían las bacantes en la tradición romana, los bailes, el vino y la comida eran el escenario de la incivilización de sus participantes. En las dionisiacas, un grupo de mujeres salía de sus casas, tras el enojo de los maridos opresores y propietarios de esos seres inanimados (sin alma) como eran catalogadas las mujeres. En el trayecto, con destino a la gran acrópolis, las bromas y alusiones pícaras derivaban en pleitos, comilonas, risotadas y hasta orgías (quiero imaginar).
Algunos iban en carrozas adornadas y llevaban grandes representaciones de falos en los grupos que iban hasta el sitio donde se realizaba el culto al dios Dionisio, concluyendo con el consumo casi industrial de cárnicos, por cierto que no era común que los griegos consumieran carnes en esa época.
¿Le parece a usted algo demasiado intenso? ¿Le recuerda en algo al Carnaval? De hecho la palabra carnaval deriva de “carne”.
No me extraña que en esta época la poca tolerancia, educación y sentido común desaparezca entre la ciudadanía durante las fiestas carnestolendas. Eso hemos visto este año y en anteriores, con el derribo de las vallas durante los conciertos, los abucheos, el aplausómetro de las cortes y comparsas, los excesos con el alcohol, los pleitos ahora ya no en las calles sino en las redes sociales, con sus dimes y diretes por la venta y reventa de los boletos, por la sobreventa de las sillas para el corso y el bando.
Ayer por la mañana el tráfico estaba al “full” en la zona cercana al malecón, donde su servidora tiene el negocio que le da de comer después de mi retiro de las oficinas.
Pero no me extraña, en estos días de fiesta, es hasta un gusto ver a todos de un lado a otro cargando plumas, ver cómo pasan por las calles los carros alegóricos y las escenografías realizadas en su mayoría por el taller de Los Huichos.
Nos llenamos la vista con los trajes de los participantes de las comparsas y el viernes, nos inundamos de la ternura que nos causaron los pequeñines disfrazados de múltiples personajes para su recorrido en el corso.
No importa que los ciudadanos se peleen, se griten en la calle, se emborrachen hasta terminar en los separos. Este es el sentido del Carnaval y es casi imposible que se puedan controlar los inconvenientes que cause una fiesta que está hecha para el desenfreno.
Antes bien, debemos continuar con estas tradiciones, que muchos dirán: “no es lo mismo de antes”, se han perdido algunas cosas; es verdad, pero se han ganado otras con el paso del tiempo y la mejora en la tecnología. Aquí lo importante es no dejar que se muera el Carnaval de Campeche, que continúa vivo gracias a cada uno de ustedes. Quedan un par de días, a disfrutarlo se ha dicho.
GORDITOS Y BONITOS
Tolerancia es saber que la música se hizo para todos los gustos. ¿No le gusta el reggeaton? A mí tampoco pero no podemos evitar escucharlo porque todos lo hacen y ya hasta nos sabemos las letras de todas las canciones. Pero ¿sabe? Respeto y tolerancia es lo que nos hace civilizados. Yo, soy “agrícola”, me gusta la banda MS.