Feas pero unidas

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LAS GORDAS TAMBIÉN…
KARLA SANSORES

Fernando Gaitán, el célebre escritor colombiano de telenovelas, creador de Café con Aroma de mujer y de Betty la fea, sabía muchas cosas de las mujeres. Y era hombre. Creó personajes masculinos cínicos que se burlaban de las mujeres y ellas caían redonditas.
¿sabe usted por qué las mujeres nos reflejamos en sus personajes femeninos?
Porque él igual tenía mucho conocimiento de la cultura machista y presentaba a sus personajes masculinos como aquellos compañeros que él conocía desde pequeño. Todos vivimos en este entorno lleno de tabúes y de ideas machistas.
Desde el primer punto: se creen dueños de las mujeres y de su sexualidad.
Las mujeres víctimas no se pertenecen a sí mismas y la mujer héroe de la trama, pasa este proceso estilo new romance, dónde aprende a amarse a sí mismas y descubren a alguien nuevo en su interior. Se convierten en unas fregonas de primera, en el caso de la “Paloma”, en una mujer que pasa de ser una recolectora de café a la farsante que puede dirigir todo un imperio cafetalero.
En el caso de Yo soy Betty, la fea, la pobrecita tontita y fea de toda la vida, es una mujer encorvada y tímida que esconde bajo un copete siniestro y unas gafas, el cerebro más hábil del mundo.
Ella también puede dirigir un gran emporio. En este caso, el mismo emporio que desde hace décadas manipula de manera ambigua el concepto del empoderamiento, se trata de la moda, que día a día se reinventa para lograr que se consuman grandes cantidades de ropa, maquillaje y otro tipo de cosmetiquería superflua.
Las mujeres queremos todo, ser las que tienen una carrera profesional existosa, una familia bien llevada, un hogar limpio y un marido fiel.
Sin embargo, en el camino, las mujeres estamos trabajando para poder cumplir con los cánones consumistas, por vernos más delgadas y bonitas, para vernos más claras de la piel, el cabello más lacio y los tintes más locos.
Entre más facilidades obtenemos, más nos rendimos a cumplir un papel que está demasiado lejos de lo que las mujeres del siglo XVIII.
Dejamos de lado las cosas importantes, esas que no tienen manera de presumirse en una red social. El autor plantea que el cambio es integral a la vista y al interior de los personajes. El cambio implica un costó económico, ético y moral.
Las heroínas de Fernando Gaitán cambiaron a costa del dolor, de traiciones, de actitudes propias del machismo que logran colocar a la mujer en el mismo nivel de un objeto que satisface las necesidades masculinas.
Infortunadamente, tras el cambio de las protagonistas, perdonan al macho que les causó dolor y se quedan en un felices para siempre.
Y últimamente les hablo de esto, porque me doy cuenta de que no se puede cambiar la mente del mundo si aún en nuestra vida cotidiana nos creemos la idea de que para que nos amen debemos hacer lo que ellos quieres y ser físicamente agraciadas para lograrlo.
En realidad el verdadero amor, el que necesitamos es el amor a nosotras mismas y saber que podemos lograr cosas muy padres, como la sororidad que nos permita conservarnos vivas. Porque finalmente, podemos estar feas, pero unidas.