En subida o en bajada… todos tienen la razón

7

Tiempos van, tiempos vienen, palabras escuchadas durante el recorrido de la existencia que se llevan infancias, sueños ilusiones y esperanzas, que tropiezan en juventudes descarriadas a las que por factores del concepto equivocado de justicia, se les culpa de todo, en esa rebeldía provocada a propósito como producto de una educación imitativa, que comprueba una vez más que no es la palabra, el libro, la institución la que educa, sino el ejemplo que de manera sorda y muda, determina conductas y personalidades; en esta vida matraca, como bien diría un jocoso juego de versos españoles, nadie del puñal se escapa, lo mismo el gordo o la flaca, hombre, mujer o quimera, en invierno o primavera, bailando la jota alegre, lo llevará la calaca.
O sea, todo de todos, todo con todos, todo para todos en una interpretación por demás lógica, pero que no encaja en la realidad social en donde se encuentran bien definidas y marcadas las diferencias de la opulencia y de la cultura, de las oportunidades y del desarrollo, de la participación y de los sueños guajiros de subirse algún día, a la pequeña rueda de la fortuna que es bien resguarda por quienes han hecho un pueblo dichoso, un pueblo justo (para ellos que suben y bajan respetando las “colas” por ellos mismos establecidas), un pueblo feliz y democrático, pero que en realidad no es más que un disfraz del pueblo que no sabe hacia dónde camina por tener la asociación espontánea de la indiferencia que fortalece con esa actitud de aceptación, lo imposible de cualquier acto de iniciativa personal que intente romper con los esquemas de quienes van o quienes vienen en ese eterno juego, que por lo peligroso de su esencia imperativa, tan solo puede ser mirado desde el exterior.
Si se analiza lo anterior con un microscopio, se encontraría tal vez una narración del poder; si se establece su lectura en un mapa se encontrarían puntos enquistados como pérdidas de valores, y aún tal vez, de identidades, que apaciblemente se encuentran cubiertos bajo el silencio y la sombra que de manera patética y fría, son testigos en el tiempo de los tiempos hasta los tiempos actuales, de la indiferencia hacia la salida de unos y la llegada de otros, quienes tienen como único adversario a aquel que ve, acepta y calla y quien ante el paradigma de la vida ha aprendido que ser mudo es seguir, ser sordo es avanzar y ser ciego es seguir caminando con la indiferencia del anonimato existencial.
Nada es para nadie, pero si todo, es para todos, por ello comparto este hermoso cuento de Julio Cortázar, “Instrucciones para llorar”. Manera correcta de llorar, con un llanto que no ingrese en el escándalo ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. Para llorar dirija la imaginación hacia usted mismo, y si eso le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del Estrecho de Magallanes por los jamás entra alguien, y el llanto vendrá enseguida. Tápese con decoro el rostro utilizando ambas manos con la palma hacia adentro. Duración media del llanto: tres minutos”.
Tan vez ahí se encuentre alguna respuesta escondida, y si no, es un buen cuento que enseña a llorar alejando el pensamiento de que EN SUBIDA O EN BAJADA, TODOS TIENEN LA RAZÓN.
Email: garihefa@hotmail.com