El valor de la honestidad

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En días pasados fui al cine y realicé la compra de mi entrada y de mi consumo de alimentos a través de una tarjeta digital, tengo por regla general entregar mi identificación junto con la tarjeta plástica para acreditar la titularidad de la misma, es un acto reflejo, automático y consciente. Al término de la película me dirigí a la librería cercana y compré un par de libros de mi interés y nuevamente pagué con la tarjeta plástica, justo en ese momento me percaté que no tenía mi identificación y de manera inmediata consideré haberla dejado olvidada en el cine. Nuevamente me dirigí hacia allá con presteza pero confiada en que la encontraría, una vez ahí pedí a un empleado con cierta posición de decisión que me atendiera y le expliqué la situación, ella se ausentó un momento aduciendo que realizaría una investigación para tratar de encontrarla, esperé al menos cinco minutos cuando nuevamente se me acercó la supervisora para decirme que por favor esperara un momento más, que seguía investigando al respecto, durante el segundo tiempo de espera, la angustia se apoderó de mí, pensando que estaba muy cerca de poder perder mi oportunidad y derecho de votar, justo estaba pensando en ello y sobre las posibles soluciones que quizá podrían existir para reponer mi identificación, cuando empezó a sonar mi teléfono móvil y vi que era uno de mis hermanos, no era un horario común para recibir una llamada de él, por lo que me apresuré a contestarle, una vez terminado los saludos, me dijo: “acababa de retirarse un señor que trajo tu identificación que se encontró tirada”, al escuchar eso, recobré mi confianza y mi alegría, mi hermano me detalló que esa persona había mencionado que se le hizo un poco difícil encontrar la dirección, porque hay más de una numeración igual a la de mi domicilio, también me dijo que al señor sin duda se le notaba que es una persona muy amable, preocupada y ocupada para hacer las cosas bien. Eso sin duda es una acción de honestidad.
Pero déjenme relatarles una acción que no fue tan honesta y que desencadenó muy probablemente que yo perdiera de vista el resguardo de mi identificación, por lo que nuevamente tomaré el tema de mi visita al cine, que al momento de llegar al área conocida como VIP, solicité el boleto y la chica que me atendía desplegó la pantalla para que yo escogiera mi lugar preferente, lo cual hice y pedí le asiento E5, ella con cara de desilusión me dijo que no me podía vender esos lugares porque estaban apartados para una pareja muy especial que estaban por llegar, yo le contesté que no, que en la pantalla estaban libres y que por lo tanto tenía que venderme ese lugar, ella insistió pero yo también, aduciendo que si deseaban esos lugares que lo compraran a través de la aplicación, pero que yo veía esos lugares disponibles y que quería uno de ellos, la chica me dijo con cara de pocos amigos que me lo vendería, tomó mi tarjeta, la introdujo en la caja bancaria, se alejó de ella y realizó una llamada telefónica, luego retornó y de nuevo con cara de pocos amigos me dijo que no me podía vender el boleto porque no había sido aprobada la transacción bancaria, yo le contesté que por supuesto no había sido aprobada porque no me había solicitado realizar mi firma electrónica y le pedí que de nuevo realizara el movimiento, siendo aprobaba mi transacción; como ustedes podrán imaginarse, me quedé disgustada por lo anterior, pensando quien sería la pareja especial, a quien le estaban reservando sus lugares, pero desafortunadamente no por lo canales correctos, sino haciendo uso de la influencia de algún empleado de mayor jerarquía en el cine, eso desde mi punto de vista es un acto deshonesto.
Dos situaciones en un mismo episodio, por un lado un acto de honestidad como pocos y por el otro todo lo contrario, y bueno así sucede en todos lados y con todas las personas, y sin duda lo mismo sucede con los candidatos, hay unos que se han destacado por tener una vida y un modo de vivir apegado no sólo al valor de la honestidad, sino también de la transparencia de sus actos, de sus acciones, de sus bienes, de su forma de vivir; y por el contrario hay otros que llenan su vida de palabras y más palabras, pero sobretodo de palabras incongruentes, acciones sin compromisos serios, y con muchas dudas respecto de cómo su forma de vida no está apegada a sus dichos. En mi opinión esos son los candidatos de los que tenemos que alejarnos y dejarles claro que no confiamos en ellos, sin duda la honestidad será un valor que perdure y que sea desde muchas formas el único que valor que nos de un México mejor. ¿O usted qué opina?