El que quiera azul celeste… que con el valor se acueste

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Causa estupor escuchar en el diario camino, voces perdidas tratando de encontrar respuestas que las hagan reencontrar las veredas hacia la verdad de unos, que desafortunadamente no es la verdad de todos; voces moribundas en cuerpos aletargados en una convivencia, en que los individuos se olvidan de generar valores, en el afán de capturar poder y una supuesta seguridad que los fractura como familia y los divide.
Se lanza al abismo con los ojos vendados, a la iniciativa personal con el crecimiento responsable y firme, de la toma de riesgos en decisiones con convicción, que evitan, de acuerdo a los supuestos colectivos, pleitos y discusiones, que van dando fortaleza a la conquista del liderazgo familiar, convirtiéndose en los dueños de las actuaciones que no aceptan el reproche o las llamadas de atención, alejándolos con ello del referente ideal deseable y respetable, para una integración social  y familiar con las ventajas de un crecimiento estable y seguro.
Perder la autoridad es envolverse en la negación del reconocimiento de no haberse detenido jamás a pensar en lo urgente y lo importante, hasta que las cosas ya se salieron de control, y ante ello el grito desesperado, echando culpas a las nuevas generaciones, por las conductas incontrolables como consecuencia de la modernidad; no son juicios ni mucho menos reproches, ya que cada cual es responsable de su persona así como de todo aquello que con voluntad acepta y que pasa a ser parte de uno mismo. Solo es un recuerdo de que cuando a los niños se les enseña a cooperar para competir, aprenden a competir para cooperar, pero cuando ellos mismos aprenden a competir para sojuzgar, en su soberbia solo aprenden a mandar sin discernir y a caminar sin más razón que que el autoritarismo sin respeto.
Estimular el liderazgo es tan solo el sueño deseado, en una democracia “dedista” fundamentada en una libertad encarcelada; los errores generan consecuencias y éstas tienen un alto costo-valor que se admite pero no se acepta, y en su multidireccionalidad, se sienten los golpes pero se soportan por tal de no soltar a la gallina de los huevos de oro, a pesar de haberla explotado de manera desmedida. Porqué no apostarle a la innovación en vez de al amiguismo y compadrazgo; a la inserción de inteligencia, dinamismo y calidad que nos asegure la excelencia y con ello la recuperación de todo lo descuidado en la confianza de una eternidad que ya se acaba. Construir sistemas innovadores de forma acumulativa sin interferencias políticas, con una educación familiar bien consolidada, una sociedad civil fuerte y decidida que no permita intervenciones ni desviaciones en su compromiso. ¿Difícil? Que quede como una tarea para todos.
Gente creativa, librepensadora, tolerante y abierta al mundo; gente que entienda que no existen realidades positivas ni negativas, sino consecuencias que uno mismo acepta y autoriza; gente que entienda que no hay circunstancias buenas ni malas, solo un cambio permanente que debe provenir de la voluntad de todos, dándole con ello valor al cambio y buscando las oportunidades allá donde se encuentren, tomando como base fundamental el enseñar a aprender, enseñar a emprender y enseñar a innovar. ¡Hacer una verdadera hoja de ruta con una nueva generación que enfrente, y de manera responsable tome las riendas con firmeza y determinación!