El perro del Hortelano

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El Perro del hortelano, es una obra escrita por Lope de Vega en plena madurez creativa, entre 1613 y 1618, y que coincide con la publicación en esa misma época con Fuenteovejuna, La Dama boba y El acero de Madrid. Las tres extraordinarias joyas de la literatura universal, pero la que ocupa esta columna es aquella que hace recordar algún refrán popular que dice que “El perro del Hortelano ni come ni deja comer”, o sea, la lógica indica que los perros no son vegetarianos, por ello, hay que tirarse al fondo de la olla para hurgar el contenido de tan sabia frase. Bueno, entonces, con piedritas y maicitos esto sería como por ejemplo, un niño que posee muchos juguetes y no juega con ellos, pero tampoco permite que otros niños lo hagan.
Alan García escribió un artículo denominado “El síndrome del perro del Hortelano”, y no trata precisamente de lo mencionado anteriormente, sino de la extrema pobreza de un país, como consecuencia de la explotación generadora de un grupo de personas que acaparan todas las órdenes sociales y políticas y por ende la riqueza de ese país, ante una falta de un espiral de creatividad social, que ha sido víctima de un enorme espiral de corruptividad, siendo lo peor, que todo es a la vista de la sociedad y de los ciudadanos que todo aceptan a pie juntillas.
Acá es donde se entiende la verdadera falacia del “perro del hortelano de Alan, no como el perro fiel que cuida la huerta de su amo, sino al que involucra a todos permitiéndoles conocer las artimañas y malas mañas en un reto con apuestas de pasividad y triunfos por adelantado, con la confianza de que habrán ladridos, pero nada que ponga en peligro el reino de los bendecidos por el santísimo manto protector de la corrupción y del poder.”
Eso es precisamente lo que las políticas del “perro del hortelano” de por siempre vienen logrando, desde la época de la conquista española, solo que ahora, las cosas son más refinadas y en vez de espejitos, se crean figuras al óleo de hijos, de los hijos de aquellos hijos del poder y la opulencia, que se convierten de la nada, en los ángeles salvadores de un mundo de corrupción y suciedad que no es el de ellos, sino del pueblo mismo al que hay que vacunar para hacerlo entrar en razón que sin esa raza de oro y platino, el camino sería hacia el despeñadero y su propia destrucción.
En una entrevista Fidel Castro Ruz lanzó al mundo la receta que le daba magníficos resultados en su país poniendo en primer lugar, la confianza y la comunicación directa con sus conciudadanos. Su nombre era Fidel, como todos los demás tenían un nombre propio, y así es como le gustaba ser llamado. Que se tenía un régimen de Gobierno y cada cual aceptaba su posición en él, por lo cual no se podía permitir la entrada a políticas partidistas, haciendo hincapié en ello, “partidistas” de “partir” la armonía y el trabajo que tanto les había costado conquistar. Que no necesitaban de “sindicatos” que solamente eran nido de oportunistas y flojos y que gustaban de la explotación legal de los demás por el mínimo de los esfuerzos.
Bueno, grosso modo ahí está todo explícito. Se grita, se ofende, pero nada sucede porque nada se hace. Se acepta la pobreza y el sojuzgamiento con alegría y resignación, ¿Hasta cuándo seguiremos evadiendo con disimulo “AL PERRO DEL HORTELANO”?
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