El origen de Síbaris

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MITOS Y CAVERNAS
CARLOS EVIA C.

Una buena parte de los relatos míticos tratan de explicar los orígenes de las ciudades o lugares en general. Francisco D’Angélico publicó el caso de Síbaris, comunidad ubicada cerca de Delfos, ciudad griega famosa por encontrarse en ella el oráculo dedicado al dios Apolo.
Según D’Angélico, en la antigüedad vivía un feroz monstruo llamado Sibaris en una gruta de la montaña Kirfis, cercana a la ciudad de Delfos. El monstruo, de vez en cuando, salía de su guarida para devorar indistintamente a hombres y rebaños de animales. Tal situación tenía aterrados a los habitantes de toda la región.
Los sacerdotes consultaron al oráculo para que les dijera cómo solucionar este problema. La respuesta fue que el único medio para acabar con esta calamidad sería sacrificando a un hermoso joven de la ciudad.
Casualmente, en ese tiempo vivía en Delfos el joven Alkioneus, quien era famoso por su belleza en toda la Grecia antigua. Quiso la mala suerte que este joven fuera designado para tal sacrificio.
Cuando la procesión que llevaba a Alkioneus avanzaba hacia la guarida subterránea de la fiera, apareció otro bello joven, llamado Euribatos, e instantáneamente se enamoró de Alkioneus.
De inmediato, averiguó cuál era el motivo de la procesión. Una vez enterado, detuvo a toda la gente y le dijo a los sacerdotes que se ofrecía para morir en vez de Alkioneus.
Éstos intercambiaron opiniones ante la petición y aceptaron el cambio. Pusieron a Euribatos el atuendo ritual y siguieron el camino que conducía a la gruta de Síbaris.
Al llegar al sitio, Alkioneus se acercó a su salvador para darle las gracias y llorando, le preguntó por qué se había sacrificado por él. Sin contestar, Euribatos comprendió que, en aquellos ojos llenos de lágrimas, había un intenso amor. Este entendimiento le dio al héroe el arrojo y la fuerza de un ser sobrenatural.
Así que entró a la caverna, se abalanzó sobre el monstruo, lo arrastró hacia afuera y con gran fuerza lo lanzó contra una roca destrozándole la cabeza.
En aquel preciso instante, el feroz monstruo desapareció y donde había sido aporreado nació una fuente de agua que fue llamada Síbaris. En recuerdo de esta famosa fuente, cuando los locrios, pueblo al que pertenecía el valeroso Euribatos, fundaron una ciudad en Calabria, en el sur de Italia, le llamaron Síbaris.
Esta urbe alcanzó un gran esplendor porque en ella se gestaron grandes emporios comerciales.
Posteriormente se hizo muy famosa dada la riqueza, los placeres y la comodidad en la que vivían sus habitantes.
De esta ciudad emanó el gentilicio de sibaritas. Hoy día se le llama así a aquellas personas que son proclives a los lujos, a los placeres caros y refinados; además que rechazan todo lo que no tenga estos atributos. Pero del monstruo, la cueva y del valiente Euribatos pocos se acuerdan.