El orgullo de ser mexicano

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Ser mexicano es sinónimo de valentía, de tacos, de canciones, de mariachis, de cantinas, de mujeres, de gritos, de no temer a la muerte, más allá del hecho de haber nacido en suelo mexicano. Sin embargo su implicación es tan grande como la misma responsabilidad de entender que los avances van de la mano de cada uno y que las obligaciones son el factor primordial para no perderse en materia democrática, para atreverse a plantear retos y para valorar en toda su grandeza el significado real y de vida de los Símbolos Patrios como un reflejo de respeto de uno, y de su paso por esta efímera existencia.
México siempre ha sido un pueblo de lucha, de cambios, de esperanzas, de revoluciones diarias y de independencias fortuitas; México es, lo que los mexicanos hacen de él en sus reproches, en sus gritos, en su intolerancia, haciendo a un lado todos aquellos avances que se han tenido en materia democrática, para seguir caminando en la obscura senda de aplaudir a “mexicanos” que tuvieron la suerte de nacer en este hermoso, fuerte, e histórico país, en donde con Leyes a modo, un acta de nacimiento proporciona la llave para el Poder y la Gloria.
Nada de esto pasa por la voluntad de Dios, porque además México es religioso y su fe se vuelca en cada familia. La historia del Mesías de Nazareth establece contundencia, voluntad, inteligencia, estrategia, y además una enorme fuerza personal para salir adelante a pesar de cualquier adversidad, y si en cada mexicano hay un templo de valor, porqué el miedo y la cobardía que impide enfrentar para construir con decisión, el paraíso soñado por cada uno. Para hacerlo hay que hacer un recuento minucioso de la propia vida como mexicanos: qué se tiene, qué se da, qué se aporta o qué se hace para ser escuchado y así ser integrado en la toma de decisiones de un entorno de convivencia colectiva que requiere de ti, de mi, de todos.
Los jóvenes de ayer, que son los abuelos de hoy miran con tristeza que lo que debiera ser motivo de orgullo solo es la comprobación de un avasallamiento total de una nueva generación de políticos, (salve sea la palabra en sí), a quienes los puestos y cargos les dan el sacrosantísimo poder para disponer de vidas, empleos y dignidades sin importarles el valor, la moral y la vergüenza que trazan trayectorias, pero que para ellos, son “los caminos prohibidos de Dios”. Porqué no hacer de México un país de oportunidades con todo el talento humano que se tiene, un país con identidad donde la cultura siga siendo nuestro emblema mundial y no los partidos políticos con sus consabidos gobiernos corruptos, un país con personas de calidad que se olvide de la Ley no escrita de “quien no tranza no avanza” y que demuestre sus ganas de triunfo para devolverle a México la grandeza de su historia.
No es un cambio de chip sino la apuesta a reinventarse de manera colectiva sin temor a las adversidades cuando se tiene la estrategia, el conocimiento y la razón. Somos un pueblo vivo que cuenta con la gente adecuada y decidida para “sacar al buey de la barranca” y con ello iniciar la mejor preparación de sus tierras que propicien la cosecha esperada con afán. Soy yo, eres tú, somos todos. Demostremos entonces, el orgullo de ser mexicanos.