El nuevo PRI

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La llegada de Jorge Manuel Lazo Pech a la dirigencia estatal del PRI tiene una poderosa razón de ser, luego de la dolorosa, diría histórica, derrota que registrara el pasado 1 de julio este partido que desde el 2000 ya había experimentado la alternancia en el poder recuperándolo 12 años después, ahora a punto de entregar por segunda ocasión. El retroceso inédito del Revolucionario Institucional tiene mucho de fondo, más que de forma.
En medio del derrumbe de proyectos y aspiraciones, y esto hay que decirlo, los priistas campechanos en las pasadas elecciones fueron los únicos que pudieron mantener el barco con rumbo, navegando en medio de un mar repleto de tiburones y muchos bufeos, pese a los coletazos del efecto Peje en las posiciones federales que se disputaron moros y cristianos.
Los tricolores de Campeche, envueltos en la desgracia política que sacudió la conciencia de la tropa institucional en todo el país, fueron los únicos que entregaron las mejores cuentas a su partido. Fueron los únicos que pudieron mantener el control del Congreso local, plural y con enormes contrapesos; así como la mayor parte de las presidencias municipales.
El golpe asestado por Morena a los intereses del PRI en senadurías y diputaciones federales, son cuestiones que hirieron el honor y el orgullo de quienes son parte de la esencia de ese partido. Y Lazo Pech es uno de ellos. Hombre que nació y que seguramente morirá con el PRI, que luchó al lado de “El Negro” cuando éste dirigía los destinos del partido, pero que se mantuvo firme cuando los vientos del cambio propiciaron que las letras metálicas incrustadas en el auditorio “Carlos Sansores Pérez” fueran quitadas a martillazos.
Quedan atrás los traidores, veletas, simuladores, lambiscones, chupetas, dos caras, convenencieros y toda la fauna de acompañamiento que tanto daño ha ocasionado al priismo estatal, que sorprendentemente se dieron cuenta que el PRI es corrupto, antidemocrático y selectivo, tras haber disfrutado y bebido en demasía de las mieles del poder que les ha asegurado patrimonio económico a varias de sus generaciones. Qué poca memoria.
Quedan atrás los errores y las imprecisiones. Ahora, lo importante para los priistas campechanos es mirar hacia adelante porque en 2021 se juegan, quizá, su última carta. La disputa de la gubernatura del estado se alza como piedra angular que mueve devociones y aspiraciones, no sólo dentro del PRI, sino fuera de él. En política se gana, en política se pierde, pero siempre se aprende. Y los priistas de Campeche deben bien aprendido la lección.
Se integra una nueva estructura en el CDE y se nombra a delegados priistas en los municipios para que nadie diga, para que nadie cuente el trabajo en equipo que, se entiende, debe prevalecer dentro de las estrategias del tricolor “para sacar el buey de la barranca”.
Jorge Lazo, dirigente con carácter cuya institucionalidad no está en duda, tiene hoy la oportunidad de verter su experiencia y conocimientos políticos en una posición de gran responsabilidad que no admite excusas ni lamentaciones. De lo contrario, se podría tener PRI en otras dimensiones dentro de tres años, Recuerdos de una madurez que no fructificó.