El milagro de las resurrecciones

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Hablar de ciudadanía es hablar de virtudes públicas, de legalidad, de honestidad, de pureza y hasta de castidad, digo, cuando estos términos se encuentran determinados por el poder político, que genera, crea y recrea de acuerdo a conveniencias, perfiles tan exactos, que a veces la misma persona que se describe desconoce el tamaño de su grandeza, aunque los conceptos dados a través de la historia, en mención a Tácito, Maquiavelo, Montesquieu y el mismo Juan Jacobo Rousseau, no han variado respecto a lo que se maneja hoy día: “ciudadano” en política, egoísmo, corrupción insensibilidad, mentira, desvergüenza, etc., en todas las resurrecciones habidas en todos los tiempos en que se compara la modernidad y los “ahora sí”, para seguir caminando con los mismos resultados, en los mismos conceptos.
Tal vez la palabra “crisis” signifique mucho, o tal vez no tenga significado alguno, pero sÍ cabe hacer mención que en algún lugar se encuentra maniatada la “crisis del autoritarismo”, escondida después de enfrentar resultados no esperados; que una “transición” aunque es buena, jamás alguien que tenga un juguetito que convierte en oro todo lo que toque, aceptará dejar a otro ese maravilloso invento del hombre predestinado; y que no hay persona acostumbrada a dar sus propios conceptos a frases y palabras, que acepte que sus concepciones estaban equivocadas, y que democracia no significa lo que de siempre ellos como grupo selecto han manejado con resultados satisfactorios, ¿qué pasó ahora?, ¿Quién mal interpretó el concepto?
Giovanni Sartori, en su Teoría de la Democracia, arguye que “nuestras ideas son nuestros anteojos”, o sea, que el hombre debe poseer siempre anteojos de diversos calibres y alcances que le permitan establecer la verdadera relación con la realidad, y respetarla, en exámenes concienzudos, que le hagan dar respuestas precisas y acciones determinantes en una toma de decisiones única y personal. La vida es para vivirla, no para sobrevivir en ella; querer ser parte activa es buscar aún en contra de lo que sea, la participación comprometida en todos los momentos de una existencia pasajera, pero que puede ser tan ordinaria o extraordinaria como uno quiera.
No es posible que habiendo tantas capacidades, las oportunidades siempre sean para las mismas personas; pero menos posible y creíble aún es que uno mismo acepte que este proceso siga el camino del nunca acabar, al asentir esa continuidad que destruye la espera de la construcción de ámbitos equilibrados, basados en una verdadera competencia profesional y en el respeto de la pluralidad de todos quienes en el esfuerzo y su propia capacidad, alimentan su esperanza diaria.
Se está en la puerta de una nueva transición, que equivocadamente está siendo tratada con soberbia y sin el análisis verdadero que hiciera Alejandro Magno con sus ejércitos, al expresar que las batallas de otros no eran sus batallas, pero las derrotas de otros tenían que ser la base para sus triunfos. No pensaba en hacer leña del árbol caído yendo sobre el vencido, sino estudiaba las causas de la derrota para convertir todo ello en fortalezas para su disciplinado ejército. ¿Es difícil interpretar esta metáfora?
¡Autoritarismo no es democracia!, ¡imposición no es democracia!, ¡alternancia es respeto a todos, en el aprendizaje de que los que estén con uno, no son todos con los que se puede ganar! ¡el ejército es el ciudadano que no está corrompido ni maleado!, ¡no es lección, no es enseñanza, es realidad, hay que olvidar el MILAGRO DE LAS RESURRECCIONES!

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