El liderazgo se construye cambiando actitud e impulsando la aptitud

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El diccionario define la palabra aptitud como la capacidad de una persona para realizar adecuadamente cierta actividad, función o servicio y como una habilidad natural para adquirir cierto tipo de conocimientos o para desenvolverse adecuadamente en una materia.
La palabra liderazgo, en cambio, significa la influencia que se ejerce sobre las personas y que permite incentivarlas para que trabajen en forma entusiasta por un objetivo común. La actitud sin embargo, es una postura corporal que expresa un estado de ánimo o una disposición a mejorar la manera en que enfrentamos la vida.
Juntas estas tres manifestaciones en nuestra manera de ser, hacer y comportarnos suman para hacer de cada ser humano un ente triunfador o al menos satisfecho y feliz de su modo de vivir.
Todos, absolutamente todos quienes conformamos una sociedad y nos desarrollamos en ella, nacemos con diversas aptitudes que conforme vamos creciendo descubrimos y nos hace diferentes a todos los demás. No siempre quien es bueno para los estudios es igual de bueno para las artes manuales. Un excelente profesionista tampoco es garantía de ser apto para los deportes o para destacar en el ámbito financiero o económico.
Un reconocido chef bien podría no ser un excelente taquero. Un lavador de autos podría no ser tan bueno boleando zapatos. Así como un carpintero experto no tendría las mismas capacidades para destacar como artesano. O un exitoso vendedor podría ser un fracaso como gerente o para ocupar un cargo de mando.
Tampoco existen garantías de que un destacado conductor de noticias de la televisión o la radio pueda ser igual de exitoso como reportero o como analista de noticias. Cada uno de nosotros como individuos nacemos y desarrollamos diferentes aptitudes y somos generalmente buenos en algo porque nos gusta o porque descubrimos tener una gran capacidad para ello. No obstante y lo bueno que podamos ser en alguna actividad, eso no implica que se nos reconozca una posición de liderazgo, pues ser líder es una virtud con la que se nace y pocos pueden forjar un camino a base de estudios para convertirse en ejemplo en la materia.
El liderazgo es como el dicho del torero: hay que serlo y parecerlo, pues un traje de luces por sí solo no forja a un maestro de los ruedos, aunque hoy en día hay muchos que ofrecen convertir en líderes a ingenuos que, como el cuento de “El cuervo y la zorra”, se dejan llevar por la lisonja fácil y se vuelven víctimas del gran negocio en que se han convertido los cursos de “superación personal” y de “liderazgo” que imparten “maestros del engaño” y vivales con gran labia. No obstante, cuando un verdadero líder sabe agrupar y sacar provecho de las aptitudes y capacidades de los demás, es entonces que se pueden lograr grandes cosas para beneficio de una comunidad o de una nación.
Por ello es importante que los liderazgos identificados en una sociedad sean quienes impulsen las aptitudes de cada miembro de la misma y las encaucen para obtener resultados que favorezcan el desarrollo político, económico, educativo, científico, deportivo, artístico y cultural de cualquier nación del orbe.
México, indudablemente cuenta con mujeres y hombres de grandes aptitudes y capacidad de liderazgo que han sido desaprovechados por nuestros gobernantes. Muchos genios y científicos, por ejemplo, han sido desdeñados y se han tenido que ir a buscar mejores horizontes de desarrollo personal y profesional a países como Estados Unidos, Canadá, Japón, España y China, por citar algunos, donde sus conocimientos son valorados y bien remunerados.
Esas “fugas de cerebros”, por falta de visión de nuestros gobernantes, son las que, entre otras causas y motivos, mantienen a México en el subdesarrollo y como un país tercermundista.
Empero, sumar liderazgo y aptitud no basta por sí solo para impulsar a nuestra nación a un mejor futuro y convertirla en una potencia mundial, ya que si no le agregamos a esta “fórmula” actuar siempre en actitud positiva en todo lo que hagamos, por más liderazgo o excelencia en nuestra aptitud que demostremos en nuestras actividades diarias, la actitud finalmente será la que defina el resultado que obtengamos para bien propio y del país.
Un liderazgo sin buena actitud no es tal ni define nada a favor. Una aptitud por más de excelencia que sea, tampoco obtendrá el resultado esperado si no existe una actitud dispuesta al triunfo.
Por ello, los mexicanos debemos integrar en todos nuestros actos diarios un comportamiento de líder, que sume y vaya camino a una meta. Demostrar lo mejor de nuestras aptitudes y hacer nuestras tareas con la más alta responsabilidad y con una actitud propositiva a toda prueba, sin decaer el ánimo y pensando siempre en lograr los mejores resultados para bien de México y de nuestras familias.