El Elemento 88

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¿Qué sería de nosotros sin la curiosidad de la mente? Para descubrir algo, se debe en principio saber qué se busca, es decir, para lograr formular una hipótesis, se debe concebir una explicación que supere la simple observación de un fenómeno. ¿Cómo se forman las ideas?, la respuesta puede superar el ámbito de la ciencia, porque como en todo, deberá de recurrirse a la intuición y en igualdad, a la razón.
Todas las personas tenemos un espíritu aventurero, nuestra libertad de pensamiento es esencial y se debe de hacer hasta lo imposible por preservarla. Nuestra curiosidad debe de partir a ser menos interesados por las personas y más interesados por sus ideas, en la vida no se debe de temer nada, todo se debe de procurar comprenderse, el rechazo al saber y el temor al pensamiento creativo deben de dejarse de lado. La mayoría de los descubrimientos científicos, se deben a una mezcla de talento y de azar, a un buen investigador debe de gustarle la aventura para poder descubrir los secretos de la naturaleza, no tener miedo a su propia audacia y no olvidar el método adecuado.
Esto fue parte del discurso en el año de 1911 de Marie Sklidowsk Curie, mejor conocida como Madame Curie, que dirigió al recibir el Premio Nóbel de Química por su contribución al descubrimiento del elemento ochenta y ocho en la tabla periódica, el radio, convirtiéndose en la primera mujer en recibir en dos ocasiones esta distinción, antes fue en 1903, otorgado por sus extraordinarias investigaciones en materia radioactiva junto con su esposo Pierre Curie y Henri Becquerel, al descubrir el polonio, llamado así como un recuerdo de su natal Polonia.
La historia nos cuenta que ella preparaba su tesis doctoral sobre investigaciones en sustancias radioactivas que le había demandado su labor como física durante cuatro años, una vez concluido sus estudios y presentado los exámenes para la obtención de su doctorado, ella en compañía de su esposo y unos amigos, se dirigieron a celebrar, y justo después de concluida la cena y a modo de presentación, mostraron a sus invitados un pequeño tubo de ensayo, la luz que emitía iluminó con brillante resplandor la noche, por primera vez mostraban un compuesto químico que contenía una sustancia con radioactividad, la labor de Madame Curie fue lograr aislar todas las sustancias, con lo cual logró la presencia del radio, llamado así por que irradiaba rayos de luz.
Una serie de hecho inesperados como la trágica muerte de su esposo Pierre Curie en abril de 1906, provocaron una desestabilización emocional en ella, pero logra recuperarse y continúa con su trabajo en su laboratorio, pero en mayo de ese mismo año el Consejo de la Facultad de Ciencias de la Sorbona de París, concede otorgarle a Marie la cátedra de física que desempeñaba su esposo; esta era la primera vez que se le concedía a una mujer tan alta distinción en la enseñanza en Francia. El debate para concedérsela no estuvo exento de toda clase de argumentos desfavorables, el principal de ellos su condición de mujer y peor aún su condición por ser una mujer viuda.
Imaginemos la siguiente escena, se abre una puerta situada al fondo del aula destinada a la clase de física y por ella entra Marie Curie, con su amplio vestido negro y una palidez espectral, se dirige caminado hacia el estrado para ocupar su lugar, mientras los espectadores la ovacionan, ella a modo de saludo inclina la cabeza y espera pacientemente que concluyan los aplausos, una vez que queda el salón en silencio, se dirige a la audiencia pronunciando las siguientes palabras: “cuando consideramos los progresos logrados en los dominios de la física durante los últimos diez años, nos sorprende el gran avance de las ideas en lo concerniente a la electricidad y a la materia…” Continuando la lección, justo donde la había dejado su esposo fallecido.
Para estos científicos, el conocimiento para el descubrimiento del radio y el polonio, pertenecían a la humanidad, Madame Curie expresó en su momento: “La humanidad tiene la necesidad de hombres prácticos que saquen el máximo partido de su trabajo sin olvidar el bien general, salvaguardando sus propios intereses. Y deben de cumplir su función consagrada al servicio de la investigación científica. Sin duda una mujer excepcional ¿lo cree usted así?