El debate presidencial y los “sesudos analistas”

41

Aún no terminaba el primero de tres debates de los candidatos a la presidencia de la República, organizado por el Instituto Nacional Electoral, y ya las redes sociales estaban saturadas de comentarios, opiniones y memes, éstos últimos muy buenos a diferencia de tanta basura disfrazada de “análisis” en los que más que la inteligencia se dio paso al hígado.
Sin embargo, lo “más lamentable” vino al día siguiente y al otro y hasta ahora, han surgido no decenas, sino ¡cientos de “analistas” de banqueta! que ya dan por ganador al de derecha, al de izquierda o a los independientes. Todas las opiniones son muy respetables y todos tenemos derecho de externarlas, pero en verdad que cuando están así cargadas de odio, sólo se convierten en groseras expresiones.
Por si esto fuera poco este debate fue motivo hasta para desenterrar viejos rencores de ex parejas que antes apoyaban a un candidato y al terminar su relación se polarizaron al grado de intentar destruir, no al candidato, sino a quien ahora, de ser su concubina o concubino, pasó a ser su enemigo, hasta ese grado se ha llegado en este “apasionamiento electoral”.
Yo tengo mi propia opinión de quien fue el “menos peor”, pues las propuestas pasaron a un segundo término, sólo noté un afán de destrucción de uno y de otro lado, pero esa es mi percepción, muy personal, y nada me da derecho a tratar de inculcársela a otro ya sea por ser de una u otra militancia o simpatía partidista o menos por venganzas personales. El debate fue un ejercicio democrático y así debemos verlo.
No es con reiteradas publicaciones en redes sociales como se va a definir la elección. Considero que a estas alturas de la contienda ya cada quien sabe por qué partido o candidato sufragará y dudo mucho que esos que hoy se erigen como “sesudos analistas” para quedar bien con uno u otro grupo, puedan influir en que un priísta vote por un panista o un panista por un morenista o la combinación que gusten y manden, y sí en cambio, denotan su desesperación que la traducen en insultos y groserías.
Cada quien es libre de decidir por quién va a votar y lo hará con base en sus propios intereses, de ahí que no intentemos influir, porque sólo se genera un desgaste inútil que permite a los que permanecemos expectantes, observar como se desgarran las vestiduras y exhiben sus trapos sucios. Ni los dirigentes de los partidos políticos en la entidad han caído en esos excesos y se han mantenido ecuánimes.
En todo caso, los que tienen esa responsabilidad y obligación de convencer al electorado, son los propios candidatos y por ello se les da un tiempo para hacer campaña, entonces los que hoy se erigen como “sabios” o “analistas” sólo hacen el ridículo al tratar de inclinar la balanza para uno u otro lado. Insisto, podemos externar nuestra opinión, pero no obligar a otros a compartirla.
Y todo esto sólo por el primer debate, lo peor del caso es que aún faltan dos más, y si ahorita ya surgió una gran cantidad de expertos en el tema, no quiero ni imaginarme cuántos surgirán en fechas próximas. Y no es el único tema, si mañana cayese un meteorito, seguro estoy que esos expertos en análisis políticos se transformarían en astrofísicos o astrónomos.
Al tiempo.