El cine y el derecho de terceros

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En esta ciudad capital una sola cadena tiene el monopolio del cine. Ciertamente son salas modernas y cómodas con buenas carteleras. Aunque no es un servicio barato sí es un pasatiempo muy popular entre los campechanos, que en vacaciones y fines de semana colman la Plaza para ver una película. Hasta ahí, todo muy bien, pero sucede que frecuentemente los padres de familia optan por llevar a sus hijos menores al cine.
Entendámonos, las películas clasificadas como triple A o simplemente A son claramente aptas para toda la familia.
Nadie puede llamarse a engaño si al entrar a la sala se encuentra a docenas de niños corriendo y gritando, conducta que no por natural deberían permitir los padres, ya que uno de los pilares de la convivencia es que desde temprana edad los eduquemos en el respeto hacia los demás.
En esta sociedad actual, tan permisiva para muchas cosas, pareciera que los niños tienen patente de corso para casi cualquier conducta sin que los demás podamos emitir la más ligera queja ya que sus padres nos miran con semblante descompuesto y como si se tratara del mismísimo Herodes si intentamos solicitar, así sea del mejor modo posible, que contengan las ansias de los pequeños
Atilas.
Pero volvamos a la clasificación de las películas, a partir de B o B15, estas están claramente autorizadas para adolescentes en adelante, para quienes tienen ya un formato mental que les permite entender el argumento y, sobre todo, que se trata de una interpretación de la realidad a juicio de los realizadores; que, incluso en una narrativa de tipo biográfico, el realizador se ha tomado licencias que convierten en ficción mucho o algo de lo que vemos en pantalla. Se supone que una persona de menos de la edad no tiene ni el criterio ni el juicio suficientes para entender cabalmente lo que está viendo, máxime si se trata de relaciones de pareja, de temas violentos o de escenas de tipo
sexual.
Pues en la exhibición de estos filmes no es raro ver niños menores de 10-12 años sentaditos deglutiendo golosinas o alimentos de dudoso contenido alimenticio durante dos horas, soborno con el que los padres pretenden mantenerlos quietos (cualquier alegato sobre la obesidad resulta redundante), viendo una película cuya trama claramente no está hecha ni pensada para la mente de un crío cuyos padres o no tuvieron con quién dejarlo y no querían perdérsela, o bien no les importa o no entienden el efecto que sobre las frágiles y tiernas mentes de sus hijos puede tener el ver algo que no entienden y que puede ser bastante gráfico.
Ni qué decir de películas como Thor, claramente realizadas para un público juvenil en adelante, donde una pareja decidió verla en compañía de su bebé, quizá entre 6-8 meses, que se pasó todo el rato llorando a gritos, seguramente asustado por el ruido y el escándalo propios de un filme de esa naturaleza.
Y aquí vienen las preguntas: ¿Que no hay como antes inspectores que vigilen que se cumpla con el reglamento en la materia? ¿Se vale ingresar al cine con bebés menores de tres años, incluso si la película es clasificación triple A? ¿La cadena puede excusarse en que “está permitido” dejar pasar niños si van acompañados de adultos en el caso de las clasificadas B? ¿El afán de lucro es superior a la protección del menor?
¿Y los derechos de terceros? Aquellos que pagamos nuestro boleto esperando ver tranquilamente una película nos encontramos con bebés berreando asustados del ruido que brota de la misma, de niños que no entienden lo que ven y que se pasan el tiempo preguntando a sus padres qué es lo que están viendo o bien parloteando o levantándose y comiendo y regando sus palomitas, y de padres que leen en voz alta los subtítulos a ver si el niño se interesa un poco más y deja de
preguntar.
Entrar al cine no es barato, uno espera desquitar lo que pagó por su boleto. Si a los padres no les importa que sus hijos vean lo que no deben, por lo menos por afectar derechos de terceros, alguien (¿la autoridad?) debería poner un poco de orden. La empresa ya vimos que está solo para ganar dinero y lo demás es lo de menos.