El buen ciudadano

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Qué es ser un buen ciudadano? Usted, amable lector, ¿se considera un buen ciudadano? Creo que si saliéramos a la calle a preguntar, la gran mayoría, por no decir la totalidad de las personas interrogadas, respondería positivamente. Sin embargo, a diario vemos conductas de dudosa honestidad, reprobables, de toda índole: como automovilista, pasarse un alto o dar vuelta prohibida o circular en sentido contrario, no ceder el paso por cortesía a otro vehículo o al peatón, estacionar en lugar prohibido; o tirar basura en la calle, en predios baldíos o ajenos, canalizar a la calle las aguas grises o jabonosas de la casa, permitir que las mascotas deambulen libremente por la calle y que realicen sus necesidades fisiológicas en la misma; poner música a todo volumen a cualquier hora pero en particular a altas horas de la noche, ponerse a clavar, taladrar o cualquier actividad super ruidosa en tempranas horas del domingo; “colarse” en la cola de comprar boletos para cualquier evento. O ver una fuga de agua y no reportarla si no es en nuestra casa, a una persona tirada en la acera y pasar de largo, o presenciar un hecho de violencia contra un niño, una mujer, un anciano, un joven, y seguir nuestro camino. Y otro largo etcétera.
¿Otros ejemplos? Comprar mercancía pirata, robarse la luz con el clásico diablito o colgarse del internet del vecino; evadir impuestos, desde negociar una factura hasta la evasión de altos vuelos; llegar consuetudinariamente tarde a trabajar o salirse a media mañana, meter una incapacidad sabiendo que no la necesitamos, irse al baño a conversar, salir a fumar y tardarse como si se fumara toda la cajetilla, hacer malabares para justificar ausencias laborales injustificables; oír, saber u observar a un hombre maltratar a su mujer o a sus hijos, o hijos que les niegan apoyo a sus padres, o divorciados que evaden el cumplimiento de sus obligaciones para con sus vástagos. Y otro largo etcétera. Y cada quien le puede ir sumando a la lista de la ignominia, lo que hace, lo que ha visto, lo que le cuentan.
Seguro que si somos nosotros los que incurrimos en estas conductas nos autojustificamos rápidamente: es solo por esta vez, si no lo hago me va a costar mucho
más, de que me vean la cara a mí a que yo se las vea… Pero la gran mayoría, en el fondo de su corazón, sabe que está haciendo mal, que es equivocada la conducta.
Otro plano, esperar que el gobierno nos resuelva todo, quejarnos de todos los males que aquejan al país y no pensar siquiera que la solución de los grandes problemas nacionales pasa por lo que puede aportar cada uno de nosotros, de manera cotidiana, nada extraordinario, nada que no se pueda hacer por cualquier ciudadano, y aquí vendría lo contrario de lo que hemos señalado líneas arriba. Tampoco podemos soslayar que frecuentemente papá gobierno cede a las exigencias de ciertas capas de la sociedad y produce toda clase de programas llamados sociales que lleva a pensar a una buena porción de la misma que tiene derecho a percibir recursos sin más trámite que presentar la credencial de elector y acreditar domicilio en una colonia popular.
Pobres o ricos, desde luego los ricos con más obligaciones porque han tenido más oportunidades, pero todos tendríamos que empezar a comportarnos como buenos ciudadanos, desde dejar de esperar que las soluciones vengan todas del gobierno hasta las más pequeñas actitudes y conductas. Desde cruzar la calle en las zonas establecidas, desde dejar de buscar a mi conocido influyente para que me haga alguna “valona” hasta levantarnos a diario con el mejor propósito de tratar bien al prójimo, hacer nuestro trabajo lo mejor posible, ser puntuales, ser corteses, no aprovecharnos de personas o situaciones, pagar las deudas en tiempo y forma, ser respetuosos de la manera de pensar de cada quien y no creer que con nosotros empieza y se acaba el mundo y sus alrededores.
Si así fuera, los mesías, los iluminados, los que ofrecen que todo será felicidad cuando asciendan al poder, no solo serían innecesarios, serían absurdos y moverían a compasión, ¿no cree usted?