El ADN de Yolanda y Manuel

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El único mensaje enviado por la presidenta del PAN y presidente de Morena a sus militantes y a los votantes es su franca debilidad por acumular poder sin importar renunciar al proyecto opositor, el mismo que propusieron para llegar a la dirigencia de sus partidos y sus seguidores les creyeron, para darle paso a su oscuro interés de su ambición personal. ADN que no los hace diferentes de los mismo políticos de siempre, de esos que la ciudadanía siente por ellos hartazgo. Esta genética de políticos rancios les impide darse cuenta que la gente ahora consume realidades, y ya no se traga las farsas. Es por esta clase de políticos que tristemente leemos la estadística que solo el 2% de los mexicanos cree en la democracia. Porque el 98% de los ciudadanos ven y se enojan con justa razón, cuando los políticos se aprovechan de la política para llenar por varias generaciones sus propios bolsillos y no la usan como una herramienta social que inspire y permita mejorar la calidad de vida de millones de personas.
Comencemos con Yolanda. Una política con una radiografía de ser hábil para los acuerdos, de resultados y de fuerza. Ya en su segundo periodo al frente de la siglas de Acción Nacional se le vio el cobre. Natural que para mantener el poder de la dirigencia se haga de aliados pero también enemigos. En la distribución de ese poder, salió su talón de Aquiles, sus aliados una vez obtenido el bono se debilitaron, en cambio sus adversarios se fortalecieron, al grado de chantajear, de renunciar, y a Yolanda la doblegaron. En la política las traiciones vienen cuando no se logran acuerdos fuertes. A Yolanda se le pueden ir Alexandro Brown, Sandra Sánchez, Jorge Rosiñol pero no su propio beneficio de convertirse en senadora. Clásico de la política nuestra, usar el cargo para sus intereses. Hoy Yolanda sus enemigos los tiene adentro y fuera del PAN, pero mantiene intacto sus cromosomas políticos.
Vamos con Manuel. Estar bajo la sombra de Layda Sansores le dio beneficios que a cualquier otro laydista desde la resistencia de 1997 se le ha negado. Manuel construyó su liderazgo minimizando a todo joven que se sumó al movimiento. Hizo de la estridencia su mejor arma de división, no hay otra manera de explicar su afán de ser el único que decida desde Convergencia, Movimiento Ciudadano donde fue dirigente estatal y se adjudicó la oportunidad de ser diputado local, se quedó con la candidatura a diputado federal, ahora en Morena también dirigente. El ADN es el mismo, “No me des, ponme donde hay”. Manuel está empeñado en romper con la coalición Juntos Haremos Historia sino le dan la candidatura a la alcaldía de Campeche, porque de no ganar la elección, al igual que Yolanda, tendría cargo seguro por otros tres años como regidor. Los políticos no creen ni en sus propios partidos, tiene una genética similar, les da por beneficiarse del sistema que tanto recriminan. De esta especie de políticos la gente no quiere, los votantes ven en ellos la realidad. Es tiempo de modificar la genética del político, dignificar esta función hasta que nuestros niños digan que de grandes anhelan ser políticos para ayudar a transformar su sociedad.