Educación, asunto político

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SIN AZÚCAR
Jorge Chi Segovia

Con más dudas que aciertos, en una segunda vuelta el Senado de la República aprobó en lo general, con 97 votos a favor, 20 en contra y tres abstenciones, la “reforma educativa” del presidente Andrés Manuel López Obrador, cerrando en primera instancia un capítulo legislativo que todavía no termina hasta no ser ratificada por al menos 17 de los 32 Congresos locales, en donde Morena controla 19, razón por la que ya está del otro lado.

Sin embargo, reformar los artículos 3, 31 y 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en materia educativa realizadas por la Cámara de Diputados, no deja satisfechos a los “mal llamados maestros” que controlan la CNTE, que todavía no han dicho a plenitud “esta boca es mía”, debido a que sus principales demandas no están del todo resueltas.

El ala radical del SNTE que tiene presencia en los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán le apuesta a la “confección” de las leyes secundarias que podrían darles “oxigeno”, aunque en el papel se asiente que en la admisión, promoción y reconocimiento de los trabajadores al servicio de la educación prevalecerá siempre la rectoría del Estado.

Pero…

Esta reforma –histórica porque nunca había recorrido una modificación de este tipo las pasarelas y acuerdos parlamentarios que unieron a unos y separaron a otros– desde el principio tuvo un matiz político.

Es decir, se priorizó el asunto político por encima de los intereses de la educación de niños y jóvenes que llevó a los legisladores federales, sobre todo a los de Morena.

A momentos de tensión cuando la minuta de la Cámara de Diputados llegó al Senado sin alcanzar por diferencia de un voto el porcentaje requerido.

Incluso, el primer mandatario de la nación entró en crisis cuando la CNTE “perjudicó” el proceso legislativo que parecía “pan comido”.

Pero no.

López Obrador saltó con aquella vacilada del “memorándum” para desconocer la RF de 2013, en tanto aterrizara la suya.

Sus “aliados” magisteriales lo llevaron al borde de la desesperación en lo que parecía un “callejón sin salida” al negarles el derecho de controlar de nuevo el manejo de las plazas y el presupuesto destinado al sector.

A decir verdad, ¿vale la pena vanagloriarse por el paso dado en materia educativa, compromiso político de Andrés Manuel?

Esta “reforma” con el sello de la “cuarta transformación” no es más que parte importante de su antecesora con algunos aditamentos para presentarla diferente.

Abroga la Ley General del Servicio Profesional Docente y la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación que “afectaron” la permanencia de las maestras y los maestros en el servicio.

La “reforma educativa” de AMLO ratifica, entre otras cosas, que la admisión, promoción y reconocimiento de los trabajadores al servicio de la educación se regirán por la ley reglamentaria del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros, prevaleciendo siempre la rectoría del Estado.

La misma gata pero revolcada.