Detrás de la raya

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Los tiempos se acortan y los partidos políticos refuerzan sus estrategias internas para definir, se entiende, a sus mejores mujeres y hombres para la contienda electoral de 2018. De acuerdo al cronograma establecido por el Instituto Electoral del Estado de Campeche, los partidos políticos deben realizar sus procesos internos para la selección de las y los candidatos a diputaciones locales, integrantes de los Ayuntamientos y las Juntas Municipales, del 19 de diciembre próximo al 16 de febrero del siguiente año.
Las caras más visibles en estos momentos se dan en el partido de Andrés Manuel López Obrador, luego de ser presentados como “coordinadores organizativos”, que no son más que potenciales abanderados a cargos de elección popular locales y federales; estrategia que no esconde las intenciones de adelantarse a las reglas establecidas para asegurarle predilecciones y votos al señor de Macuspana.
A finales de septiembre pasado, Morena “presentó en sociedad” a quienes considera las cartas más viables para tender jugadas partidistas que le permitan posicionarse en la entidad como fuerza política. Que desbanque al PRI en las elecciones de 2018, está verde; pero sí podría ser un riesgo para sus “amigos” del PAN y toda la “chiquillada”, algo parecido a lo que hizo Layda Sansores, en 1997, con la siglas del PRD, otrora candidata de este partido a la gubernatura del estado.
En aquella elección, el de la Revolución Democrática, o dicho de otra manera, las huestes de Sansores, se colocaron detrás del PRI al lograr por primera vez para ese partido el segundo lugar, con una cantidad de votos jamás imaginados que evidentemente apuntalaron en Campeche al entonces instituto político dirigido por López Obrador, prerrogativa que se fue desvaneciendo como una pavesa hasta quedar convertida en cenizas.
Esta vez, con un partido propio, gerencial y con proyecto presidencial, AMLO le apuesta a dar el “golpe” en Campeche con toda la tropa comendada por Manuel Zavala Salazar, bajo la supervisión y visión del principal estratega que el tabasqueño tiene en el estado: Anibal Ostoa Ortega, que vendrá a desempeñar un papel trascendental en el difícil compromiso que lleva a cuestas, en ausencia temporal de la hija del extinto Carlos “El Negro” Sansores, que pretende ahora conquistar el altiplano.
El más pequeño de los hijos políticos de Sansores,  al frente del Comité Ejecutivo Estatal de Morena, visiblemente emocionado, hace algunas semanas presentó a quienes serán los “coordinadores organizativos” a nivel estatal, federal, distrital y municipal, dizque para fortalecer la estructura. Es posible, pero hasta un niño de sexto grado de primaria sabe que la estrategia es ganarle tiempo al tiempo y promocionar a quienes finalmente se les entregaría la estafeta para contender en las elecciones del próximo año.
Vemos así que en esta gama de potenciales abanderados de izquierda para proyectos locales y federales se encuentran, además de Aníbal Ostoa Ortega, Cecilia Margarita Sánchez García, Carlos “El Incógnito” Martínez Aké y Teresa Mejía Ortiz, dos “gallos” bien alimentados para los municipios de Campeche y Carmen: Manuel Zavala Salazar y Ramón “El Traidor” Ochoa Peña, respectivamente.
Que Zavala intente bailar la guaranducha campechana en Palacio Municipal de la localidad, a nadie le quita el sueño más que a él mismo, a sabiendas que existe un PRI y un PAN que no precisamente irían a la fiesta electoral a repartir banderitas de colores ni a obsequiar dulce de papaya, lo que hace interesante las proyecciones que desde ahora comienzan a decodificar los “buscadores de tesoros”: los posibles “contrapelos” del exdiputado local de Morena que ya habla, siente y se manifiesta igual que su divinidad.
No obstante, lo que va a ocurrir en Carmen traspasa lo imaginable porque el PAN no fácilmente va a soltar amarres, ni el PRI su interés de recuperar el terreno perdido, por lo que “El Traidor” (como se le conoce a Ochoa Peña en el cortometraje de espantos, no apto para cardiacos, que comenzó a rodar desde sus orígenes priistas) tiene desde ahora una “papa caliente” en manos; un reto quizás más complicado que cuando aspiraba a la misma posición con los colores del PRI.
El problema para el exsecretario de Pesca, exlíder del Congreso local y exsubsecretario de Gobierno, cargos conferidos bajos los colores del Revolucionario Institucional, partido del que ahora no quiere acordarse, radica ineludiblemente en lograr el acoplamiento con los militantes y simpatizantes de Morena en Carmen, que en más de una ocasión han manifestado su inconformidad -incluso delante de AMLO en su más reciente visita a la Isla- por tantas preferencias para un hombre que aun no se ha confesado ante los altos tribunales de la lealtad y la congruencia.
Hasta el momento, Ramón Ochoa es solo eso, una esperanza para Carmen, aunque ya habla en varias lenguas tratando de descifrar el código de la sumisión, entrega y reverencia, que todos los que se encuentran detrás de la raya trabajando para Morena y  Andrés Manuel López Obrador, deben profesar.