Deterioro institucional

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Estamos iniciando el ajetreo electoral que nos llevará a definir el nuevo rostro de este país para bien o para mal, y las instituciones decidieron irse al diablo y llevarse con ellas la confianza en la infanta democracia dejando una desorganización social, todos contra todos. Se esfumó la credibilidad en funcionarios, se diluye el respeto por la autoridad que ya no es capaz de influir, es palpable el desinterés de la cúpula partidista en atender sus particularidades que resolver la agónica demanda social.
Más del 90% de los mexicanos no cree en la democracia, aporrea la encuesta de Pew Research Center (PRC) que mide el índice de satisfacción en los países de Latinoamérica. Solo el 6 % se siente satisfecho con el sistema democrático. En el 2012 la gente que no estaba satisfecha era del 35%. Estamos parados sobre una cama de clavos desde donde vemos lejos el bien común, la justicia y la gobernabilidad. Ejemplos de esta decadencia hay muchos. Desde hace semanas el interés particular de los políticos marrulleros tiene trabado al Senado, no hay fiscal electoral, no hay fiscal anticorrupción y no hay fiscal general a siete meses de elegir a un nuevo presidente. La Auditoría Superior de la Federación detecta irregularidades en Sedesol y SEP, instituciones que hicieron pagos de más de 38 millones de pesos a gente fallecida y a funcionarios. El reporte también dice que otra institución como Pemex infló pagos de más de 900 millones de pesos a Odebrecht, empresa brasileña, por unas refinerías. La exigencia de no dar paso la impunidad no se atiende.
El escándalo del presunto lavado de dinero, 100 millones de pesos, en la dirigencia nacional del PT tiene distraídos a los adversarios que ven en el 2018 un salvavidas, y sin importales cargan su cinismo. Se desmorona la congruencia, en el discurso se congela la ideología. Todos son iguales. No hay de donde elegir. Todos contra todos. Ya ni entre los ciudadanos nos respetamos. Los políticos se han encargado de que dejemos de creer hasta en nosotros mismo, para agredirnos y violentar los derechos fundamentales. Estás conmigo o contra mí, ese es
el precio.
No somos capaces de ponernos de acuerdo y ningún político está a la altura de las circunstancias que repare el deterioro institucional en el que ubica a México en el lugar 88 de 113 países revisados. Coincido con el periodista Raymudo Rivapalacio, quien afirmó: “mandar al diablo a las instituciones no es la solución”.
No hay otro camino más que la democracia. Si damos un paso atrás rayamos en un comunismo, si damos dos pasos más nos colocamos en la dictadura. Hay que fortalecer las instituciones no mandarlas al diablo. Debemos respetarnos entre todos los ciudadanos, respetar las ideas. Nos leemos la próxima semana.