Sol Ceh Moo
Sol Ceh Moo

En numerosas ocasiones he escuchado, incluso de académicos, su opinión sobre la lengua maya. Muchos son los que afirman y que el idioma maya que hablamos en la Península de Yucatán se encuentra contaminado del español y hasta muestran su enojo con eso porque, según su sagrada opinión, los maya hablantes debemos regresar al maya antiguo.

Cuando en alguna conferencia o simposio me encuentro en esta situación recuerdo a Heráclito con su célebre apotegma:“Todo está en movimiento y nada dura eternamente” y que todas las lenguas en su interacción se modifican constantemente.

El maya yucateco es un idioma fuerte, se ha mantenido como una lengua materna para gran parte de la población rural y urbana de los cinturones de pobreza de la ciudad. No es cuestión de dar repiques de campanas de puro gusto, pero la lengua aún tiene futuro, a pesar de algunos inconvenientes que se han convertido en paradigmas.

Uno de esos paradigmas es el que esgrimen quienes afirman que las lenguas maternas impiden un aprendizaje de calidad en la educación, debido a modificaciones curriculares. A lo mejor ésta es una de las razones de que el programa de educación indígena del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) no aclare muchos temas; tampoco está la recomendación de que los maestros del subsistema indígena de la SEP deberían hablar el idioma materno de sus alumnos.

Los sistemas políticos educativos dirigido a los indígenas se han encargado de asignar a personas que eduquen a los niños sin tener los conocimientos para enseñar y con desconocimiento del idioma. Cuando esta generalidad se mantiene, el carácter bilingüe e intercultural juega en contra de los escolares en su pensar, leer y escribir.

No es un descubrimiento que las políticas educativas hacia los indígenas deberían tener una dirección diferente frente a la educación de la cultura dominante; las visiones cosmobióticas y sociolingüísticas tienen que ser valoradas, y hacer de ellas el centro de evaluaciones, situación que no procede en la actualidad.

En otras ocasiones he platicado sobre mi educación elemental: estudié en una escuela bilingüe en donde el maestro no sabía nada de maya y yo casi nada de español, el pobre docente nos miraba con ojos de desesperación y nosotros nos reíamos de su ineptitud. Bueno, al menos en el país el tema de los derechos a la educación, en la práctica, se ha dirigido a reformas constitucionales y normatividades jurídicas, falta pasar a las prácticas de formación, como las normales indígenas y las universidades interculturales.

Sobre la educación media superior (EMS) es mejor no colocar diéresis, ningún subsistema en la EMS incluye el uso de la lengua indígena. Aquellos alumnos que provienen de la educación indígena y entran a un Cobay o Conalep, por ejemplo, sufren un shock idiomático al encontrarse con una educación que excluye a la juventud indígena.