De locuras y traiciones   

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El pasado domingo, México entero se volcó a las urnas. El triunfo del candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, inobjetable y contundente por el lado que se le quiera ver. El resultado de la elección superó las expectativas y no dejó duda de la validez que santificó el Instituto Nacional Electoral ante los ojos del mundo, con reconocimiento pleno de quienes contendieron con él, entre ellos el abanderado de la coalición que encabezó el PRI, José Antonio Meade.
A ocho días de distancia, México presenta una nueva concepción política, con más de lo mismo, con muchos políticos provenientes de la “mafia del poder” que nacieron, crecieron y lograron poder y fortuna en el PRI, y que ahora -olímpicamente- lo han negado hasta en tres ocasiones. Pero ésos ya fueron liberados de sus pecados por decisión del señor. De otra forma no hubiesen podido entrar al reino de los cielos.
Andrés Manuel no es santo mucho menos Dios. Es un hombre con virtudes y con defectos que, ahora sí, recibirá sin chistes ni payasadas la banda presidencial que lo inmortalizará como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, dejando atrás el montaje de “presidente legítimo” que instauró junto con sus doce apóstoles (“gabinete alterno”), luego de su derrota en la elección de 2006.
Propósitos, compromisos inéditos y sueños de un país mejor, en manos de un hombre que hoy cambia abruptamente su semblante, su forma de actuar y de hablar. ¿Habría quedado atrás el López Obrador virulento e irrespetuoso de las instituciones? “Amor y paz” para hacer la diferencia entre el pasado y el presente.
Con un resultado que se encuentra en la mesa de las deliberaciones para descifrar con sapiencia los motivos y las razones del apoyo de le dieron 30 millones 112 mil 109 mexicanos (53.17 de la votación total), AMLO arrolló proyectos, aspiraciones y tentaciones, pero también -y esto hay que decirlo- perturbó la mente de quienes gozando de su confianza la traicionaron; no hicieron el trabajo bien en estados como Campeche. Ahora quieren curarse en salud adoptando actitudes filosas que hieren susceptibilidades.
Y como bien dicen que cuando la perra es brava hasta a los de casa muerde, el dirigente estatal de Morena, Manuel Zavala Salazar, ha dejado al descubierto sus pobrezas atacando a su propio partido, que será representado en el Congreso de la Unión por Anibal Ostoa Ortega y Carlos “El Incógnito” Martínez Aké, como senador y diputado federal, incondicionales de López Obrador que ganaron sin mayores complicaciones; sin el empuje de quien recobra la estafeta de Morena en la entidad, luego de su descalabro electoral.
Zavala parece ignorar que en política es contraproducente abrir varios flancos de batalla al mismo tiempo: se alía con la también excandidata perdedora del PAN, Yolanda Valladares Valle, para atacar por supuestos fraudes al Instituto Electoral del Estado de Campeche (IEEC) y al Gobernador. A la vez, saca la frustración de su derrota como candidato a la Presidencia Municipal de Campeche, golpeando a sus compañeros de partido ganadores, entre ellos al maestro y principal lugarteniente de AMLO en el estado.
¿Ya le cayó el veinte a Manuel Zavala Salazar que su ilustrísima aliada en la guerra contra el IEEC y el mandatario campechano ni siquiera firmó la denuncia interpuesta ante la Fepade, sino que puso a su colaborador Paulo Hau Dzul como responsable legalmente de su pleito perdido?
Zavala Salazar, además de haber traicionado al PT y al PES imponiendo su criterio, demostró ser pésimo candidato, tan así que mucha gente lo señaló como «vendido” porque no dio un golpe durante su campaña, quizás esperando que todo le cayera del cielo. Pasó desapercibido, conformándose por anticipado con la regiduría plurinominal que sabría le quedaría al perder la elección municipal.
Los excandidatos de Morena a distintos cargos (ganadores y perdedores) nos cuentan que Manuel jamás los apoyó como dirigente estatal de su partido, mucho menos como suspirante a la alcaldía de Campeche. No hizo equipo. Simple y llanamente los dejó morir solos. ¿Sería por su presunto acuerdo con el PAN?
Si realmente pactó en lo oscurito, le falló. Los morenistas ganaron pese a las traiciones de Zavala que jamás se repuso del regaño “con mucho cariño” que en público le hiciera Andrés Manuel López Obrador en su última visita a Carmen, todo por no haber concretado la coalición estatal de Morena con el PT y el PES.
Y aún así, Manuel Zavala, se dice en intramuros, pretende que AMLO lo premie con una delegación federal para seguir dividiendo a su partido y dejar mal al próximo gobierno federal con la administración estatal y viceversa. ¿No le quedó claro el mensaje de Andrés Manuel que ahora hay que reconciliar y no dividir? ¿No ha entendido que ahora lo que más interesa al tabasqueño es trabajar coordinadamente por el bien de los mexicanos?