Cuentos de terror

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Nos encontramos a unos días de que 2017 rinda cuentas a la historia. Un año más que se va para no volver jamás con todo y sus bondades, con todo y sus dificultades. Con todo lo que implicó para Campeche y los campechanos, pero sobre todo para el proyecto de gobierno que atraviesa la etapa más complicada del derrotero sexenal donde tiene que demostrar su fortaleza, por encima de las coyunturas políticas que afloran de manera natural.
Es evidente que en un año no se puede responder a todos los compromisos consignados en bitácora; las legítimas demandas de un pueblo que por décadas ha esperado la oportunidad de dar el salto hacia la modernidad, a dejar atrás los esquemas que han impedido a plenitud avanzar en el combate de la pobreza y la marginación en la que viven todavía miles de familias.
El de Alejandro Moreno Cárdenas es un gobierno que enfrenta enormes desafíos para darle a los campechanos bienestar; más oportunidades de empleo, educación de calidad y mejores servicios médicos; vivienda digna y seguridad pública, ante todo. El momento se torna extremadamente sensible, por lo que dar soluciones reales a la gente ha constituido la palanca que jala certidumbre, aun con el pesimismo que suelen destilar quienes se encuentran en otra frecuencia.
Los tiempos que se viven van delineando propuestas y aspiraciones, eso que quita el sueño y atormenta a no pocos mortales que sienten y sufren, que lloran y ríen. Lo que se tiene encima no es para menos. Los efectos electorales y políticos marcarán la pauta en los próximos meses. En 2018.
Los pactos que van teniendo las fueras políticas estimulan a la reflexión sobre cómo sería el panorama de aquí a unos meses más con el inicio de las campañas formales de los candidatos presidenciales, que son los más cotizados en la bolsa de valores y en la mente de los ciudadanos que se agrupan, que se protegen. Con decir que hasta algunos ya hablan de fraude. ¿Acaso les traiciona el subconsciente?
La participación del partido de los maestros, Nueva Alianza, en coalición con el PRI y el Verde Ecologista, es un asunto que de facto preocupa a quien comienza a ver el panorama con ciertos nubarrones cuando antes lo veía limpio, desde luego, no definitivo para evitar un triunfo, pero si una eventual derrota. ¿Por qué esa preocupación?
Pensar que todos los trabajadores de la educación afiliados al SNTE son mayordomos de Elba Esther Gordillo o priistas por consanguinidad, es hacerle al “Tío Lolo”. Desde la época de los años 90 el magisterio nacional dejó de ser eminentemente priista, al “abrir en capa” las puertas a todas las corrientes políticas, como un acto de supervivencia y de cohesión interna, ante la amenaza de polarización del gremio, como pretendía hacer “El Innombrable”.
La creación al interior del SNTE de la Comisión Nacional de Acción Política integrada por maestros del PRI, PAN, PRD y otras fueras partidistas de izquierda, fue una decisión astuta de Elba Esther Gordillo, entre otras cuestiones, porque dentro del magisterio nacional había desaparecido el corporativismo sindical para dar paso a la pluralidad, y eso ni Gordillo ni los líderes estatales del sindicato lo pudieron evitar, iniciándose así la libertad de creencia política dentro de este gremio.
Ciertamente, EGM necesitaba un partido, su partido, afín a sus pretensiones políticas dando lugar al nacimiento de Nueva Alianza, que al principio estuvo integrado al 100 por ciento por trabajadores de la educación leales a la maestra, y aunque hoy mantiene su esencia, encierra en sus filas otras voces, muchas de ellas con experiencia en aspectos electorales.
Pensar que con el Panal el PRI va a derrotar “de tres tiros” a Andrés Manuel López Obrador, no sería otra cosa que una actitud hipotética, porque en primera instancia para derrotar al tabasqueño se necesitará inexcusablemente de una escalera grande y otra chiquita para llegar al cielo, y más que fuerza se necesitará la razón para pegarle donde más le duele, en sus partes sensibles que son blancos políticos desde siempre.
Por sobre todas las cosas, a López Obrador, con la adhesión de los maestros del SNTE y/o Nueva Alianza, los llamados institucionales, al proyecto de José Antonio Meade, le entra una honda preocupación porque se unen al PRI sus antiguos socios electorales; profesores y profesoras con experiencia en los quehaceres de organización electoral, como cuando todos danzaban en el petate del PRI y representaban una fuerza indestructible en la vigilancia y la integración de las directivas de casillas electorales.