Cuando la indignación nos transforma

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Lo ocurrido el domingo por la noche en Ciudad del Carmen deja en verdad muchas lecturas que no se pueden dejar pasar. ¿Indignante?, sí, muy indignante, por el cristal por el que se quiera observar. ¿En qué momento dejamos de ser seres pensantes para convertirnos en bestias sedientas de sangre? No, no es exageración, es una realidad que está ahí en espera de desencadenarse, latente, lista para soltarse. Por favor, no lo permitamos.
La irresponsabilidad de dos agentes de la policía municipal cobró tres vidas inocentes, una familia que buscaba llegar a su casa a descansar luego de un día de venta de zapatos, nunca esperaron que llegase la muerte, así, de esa manera tan absurda, tan brutal, tan grotesca. ¿Qué culpa tenían?, que triste situación, ¡qué indignante!, tan indignante como la reacción de una turba que quiso hacer justicia y que tiene al borde la muerte a un inocente, tan inocente como las tres víctimas de la irresponsabilidad.
¿En qué momento dejamos el raciocinio y nos convertimos en bestias? Entiendo perfectamente la indignación de los pobladores que presenciaron y que acudieron a observar el levantamiento de los cadáveres, ¡claro que los entiendo, claro que sí!, duele, ver tres víctimas inocentes y es de humanos explotar ante esa realidad cruda, pero qué triste es ver una turba que en su afán de justicia, incurrió exactamente en lo mismo que los dos policías que arrollaron a la familia.
Aquí cabe la pregunta ¿esta auténtica indignación que sí se advierte en muchos de los que ahí estaban, fue manipulada como pretexto para arremeter contra los agentes de la policía que resguardaba el área? Mi pregunta es porque en los vídeos que se difundieron, se escuchan voces que incitan a quemar, a destruir, a matar, pero igual de repudio a políticos.
Fue un pretexto para sacar todo el rencor y el encono bien o mal argumentado contra la policía. Un agente que con el arma en mano evitó abrir fuego para defenderse y no lastimar a nadie hoy se debate entre la vida y la muerte. La manera brutal en la que fue agredido fue tan ruin como lo que los dos agentes municipales que arrollaron y dieron muerte a esa familia.
O sea, violencia se combate con violencia. ¿Entonces ahora los policías deben regresar y tomar venganza contra los pobladores de la colonia Cuauhtémoc, esa es la línea a seguir? Asusta ver esta nueva cara de la “justicia” en Carmen. Ojalá que no se replique en otros lados, porque así estaremos en el imperio del más fuerte.
Insisto, comparto la indignación de los carmelitas ante este hecho, ante la irresponsabilidad de dos agentes que segaron tres vidas inocentes, pero igual me indigna y me asusta ver la forma en que se descompone la sociedad, la manera tan brutal en que se puede transformar un ser humano y eso preocupa y mucho.
Entre muchas lecturas, está el hartazgo de la población de la isla ante la inseguridad provocada por la llegada de gente económicamente poderosa que atrae a delincuentes, por los efectos negativos de la industria petrolera, por la polarización político-electoral que se ha infundido entre los carmelitas, pero tampoco se puede desestimar el enorme esfuerzo que se lleva al cabo todos los días para brindar seguridad.
¡No señores, no!, el que los delincuentes salgan libres en poco tiempo, no es culpa de los agentes de la policía ni de sus mandos, es responsabilidad de un nuevo sistema de justicia penal que se concretó en la actual administración federal. Es comprensible el hartazgo, pero nunca se puede justificar un acto de barbarie como la que se registró este domingo en Carmen. Al tiempo.