Convivencia para la paz

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La paz no sólo es la ausencia de conflictos. Convivir en paz consiste en aceptar las diferencias y tener la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás, así como de vivir de forma pacífica y unida. Es un proceso positivo, dinámico y participativo a través del cual se promueve el diálogo y se solucionan los conflictos en un espíritu de entendimiento y de cooperación mutuos.
La Declaración del Milenio establece la importancia de propiciar sociedades pacíficas, justas e inclusivas, libres del temor y de la violencia, promoviendo la reconciliación, y contribuyendo a hacer realidad la paz, trabajando en coordinación con todos los actores que integran a una sociedad, con las comunidades, con los dirigentes religiosos y políticos y con todos los demás agentes competentes, promoviendo medidas conciliadoras y acciones altruistas, alentando el perdón y la compasión entre las personas.
Tomando en consideración lo anterior, y situándolo en el contexto de las campañas políticas que vive nuestro país, me parece que el tema de la paz y el respeto debe de ser un tema que hay que poner sobre la mesa y mantenerla en ella. Desde mi particular punto de vista, los ánimos entre la población cuya preferencia se divide entre los candidatos de los diversos partidos políticos e independientes ha enrarecido el ambiente, tornándolo violento, irrespetuoso e inseguro.
A nosotros los campechanos que nos distingue tener un carácter noble, amable, cordial y sencillo, no significa que no haya quienes dejan a un lado esa esencia y toman una actitud agresiva. Para el caso del resto de los mexicanos es lo mismo, y en mi opinión se ha desatado una ola violenta y de escarnio, en todos los niveles sociales y económicos, llegando al grado de inducir no sólo al odio o al desprestigio, sino también a boicotear, agredir, insultar y peor aún, atentar contra la vida. Nada justifica esa razón, nada.
Por lo tanto haciendo una introspección reflexionemos sobre nuestras actitudes en este proceso electoral, respetemos las preferencias partidistas o las diferencias como guste usted verlo, de nuestros congéneres, que nos asista más el respeto que la razón, por que al final del camino el resultado del ejercicio democrático para elegir a los representantes en los diversos puestos de elección, será el definitivo y cualquiera que sea ese resultado, tendremos que recoger nuestras armas y tomar nuestros instrumentos de trabajo, para hacer de nuestra ciudad y de nuestro México un mejor lugar, donde vivamos en paz y con respeto. Por lo tanto, me parece inútil agotar nuestra energía, con acciones bélicas o palabras ofensivas de las cuales muy probablemente nos arrepentiremos en el futuro.