Constelación de diosas

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ECLOSION DE LETRAS
ROSELY E. QUIJANO LEON

En la literatura encontramos historias noveladas de mujeres ensombrecidas por hombres que destacaron por su brillantez y su talento. Desde la ficción y a través de las palabras se erigen diosas que cobran vida entre las páginas y pasan a formar parte de esta constelación de mujeres invisibles para la historia, la ciencia y la investigación.
La escritora francesa Yannick Grannec construye una biografía novelada del matemático Kurt Gödel desde la mirada de su esposa Adele Nimbursky en “La diosa de las pequeñas victorias”, en la cual una joven investigadora, Anna Roth, se empeña en recuperar los archivos del hombre que caminaba por Princeton junto a su entrañable amigo Albert Einstein en los años de posguerra.
Entre fragmentos de aportaciones, teorías matemáticas y diálogos con los hombres de ciencia más importantes del momento, Anna enaltece el valor de Adele, la esposa y amiga fiel que vivió entregada a un hombre sabio, pero inmensamente infeliz, con muy mal genio, que en sus últimos años decayó física y mentalmente a tal grado que se confinó hasta su muerte, y aunque Gödel con su genialidad cambió por completo la forma de mirar las matemáticas, nunca supo tal vez resolver ecuaciones básicas del amor y de la felicidad.
Tres mujeres inmortales, pero poco conocidas, aparecen en “La hora sin diosas” de Beatriz Rivas. La trama se teje a través del personaje Daniel Ponty, quien dicta a su nieta, desde sus recuerdos, cartas y su memoria marcada por la tríada de diosas de los hombres más brillantes y talentosos de principios de siglo XX. Lou Andreas-Salomé, la compañera intelectual de Nietzsche, en la novela le pregunta: “¿De qué estrella nos hemos caído para encontrarnos?…
De las más brillantes”, le contesta una Lou deslumbrada por el filósofo con quien colaborará y mantendrá por muchos años una intensa correspondencia, como lo hizo con Sigmund Freud y el poeta Rainer Maria Rilke, quince años menor que ella, con quien vivió trece años de poesía y amor; su musa, aseguran muchos biógrafos que han escudriñado entre cada verso y cada línea escrita por ambos.
Así también emerge la apasionada relación entre Martin Heidegger y su discípula Hannah Arendt, que fecundó el legado de aportaciones filosóficas de ambos, pues entre su amor ilícito y las dificultades socio-políticas que los separan, en su pensamiento y reflexiones hay una comunión que solo se da entre dos seres que se nutren el pensamiento y el alma; ya sea a través de las palabras, las caricias o las notas musicales como Alma y el compositor Gustav Mahler, con quien se sintió completamente incomprendida y desvalorada para refugiarse años después en otros dos matrimonios con el arquitecto Walter Gropius y el novelista Franz Werfel.
Sin duda estas mujeres valiosas forman parte de una constelación de diosas, muy humanas, pero eternas.