Cómo representar y no morir en el intento

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DESDE LA CALLE
EDUARDO AREVALO

El reto de mantener o aumentar el nivel de legitimidad entre los representados, se encuentra vigente en quienes ostentan cargos de elección popular.
La vorágine de la reconfiguración social ha traído consigo nuevas expresiones y el cambio constante en las preferencias políticas.
El diálogo, la cercanía proximidad son fundamentales para conservar un canal de comunicación de dos vías entre electores y representantes en primera instancia.
Sin embargo, parece momento oportuno de explorar alternativas de inclusión de la ciudadanía en la formación y ejecución de decisiones desde la representación.
En el caso específico de las diputaciones, con el bagaje empírico que permite la experiencia, es posible formular una propuesta de alternativa de inclusión ciudadana desde la muy conocida figura de la dieta legislativa. Herramienta controvertida pero a la vez insuficiente debido al cúmulo de demandas que se reciben.
El periodo durante el cual, quien escribe, tuvo la oportunidad de ser representante popular suplente 2015-2018, permitió diseñar, ejecutar y evaluar una figura de inclusión ciudadana para ejercer el recurso de gestión social.
20 mil pesos mensuales destinados a la atención de asuntos del distrito.
La creación de comités ciudadanos distritales, que sesionen por lo menos una vez a la mes, puede ser una alternativa local de implementar la figura de presupuesto participativo como fue aplicado en nuestro caso y legalmente contemplado en la reciente constitución política de la Ciudad de México para sus alcaldías , por ejemplo.
La identificación de perfiles con arraigo popular por trabajo y gestión en sus colonias, es el primero paso, seguido del consenso para integrar el comité distrital.
El criterio de distribución territorial de dichos perfiles, es importante para considerar abarcar la mayor parte de la la demarcación de barrios y colonias.
Esta figura permitirá no sólo transparentar el gasto destinado atención ciudadana, sino generar una experiencia en primera persona del proceso de gestión cotidiano de cualquier representante popular. La responsabilidad compartida, transparenta a la vez que estrecha lazos en la actividad y cesión del poder en la representación política.
La accountability o rendición de cuentas es una de las nociones para generar indicadores de calidad de la democracia como indica el consenso (Tusell, 2015), que en el modelo propuesto es del tipo bottom-up, es decir desde la ciudadanía a sus representantes.
La paradoja que se presenta es ser parte de la ola populista como lógica de intervención política sectaria o abrir espacios desde modelos de inclusión ciudadana en el taller social de la actividad política como espacio común conquistado.
¿Cómo representar y no morir en el intento? Es el resultado de sumar voluntades, manos y propuestas de tod@s.