Celulares y redes sociales rigen hoy la “vida” de la humanidad

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Si no tienes un teléfono celular y no estás presente en redes sociales, al menos en Instagram, Twitter o Facebook, entonces no existes. Esta es la expresión que hoy en día muchas personas repiten para justificar el porqué están inmersos tantas horas del día, no menos de dos o tres en sus celulares, manteniendo “comunicación” e intercambiando todo tipo de mensajes, fotos y videos con hombres y mujeres que en su mayoría les resultan desconocidos pero que ya en el intercambio virtual se convierten en inseparables cómplices que comparten toda su vivencia diaria, incluso hasta lo que van a comer y cómo es el estado de ánimo por el que atraviesan.
Facebook con más de 2 mil millones de usuarios en el mundo y Twitter con más de 300 millones, continúan siendo entre las ya muchas plataformas sociales existentes las de mayor demanda y uso y donde la vida humana se expone como un “libro abierto” en donde millones de individuos cometen el grave error de dar a conocer datos íntimos que son aprovechados por la delincuencia organizada para secuestrar o amenazar a los confiados cibernautas que a todo mundo ven como “amigos” a través de una computadora, una tablet o un iPhone.
La vida de mucha gente no puede concebirse hoy si no trae consigo, vayan a donde vayan y hasta al baño mismo, su celular en mano. La sociedad actual se recluye cada vez más en una vida artificial donde está dejado a un lado la convivencia directa con amistades reales y son raros los encuentros o charlas que antes eran comunes que ocurrieran en un bar, un café, un antro o en cualquier parque o lugar donde pudieran platicar y estar a gusto. También la gente está olvidando ya saludarse al salir de sus casas y encontrarse con los vecinos o conocidos, “gracias” a los avances tecnológicos que ha traído consigo la modernidad en el mundo.
Traer el celular a la vista y estar checando mensajes y todo lo que llega a través de este cada vez más ligero y delgado aparato de “comunicación”, al grado de inquietarnos cada vez que timbra, vibra o llega una alarma de mensaje, ejerce un dominio tal en la vida de millones de seres humanos que hay hasta quienes se atreven a no salir a la calle si les roban o pierden el celular. Especialmente los jóvenes, del sexo que fueren, son capaces hasta de hacer un drama si algo les pasa a sus adictivos aparatos y no se sienten completos, y hasta inseguros están, si no tienen el celular consigo. Así, a tal grado de dependencia del celular estamos hoy las sociedades en el orbe.
Lamentable y hasta penoso resulta ver cómo le cuesta a la sociedad desprenderse hoy del uso del celular y de la necesidad de estar metido en las redes sociales para sentirse integrado al mundo. Vemos incluso a padres de familia que publican en los espacios virtuales “lo mucho que quieren a sus hijos” y “presumen sus logros”, más en la vida real, mamás y papás ni siquiera voltean a ver qué es lo que ocupan sus vástagos y apenas cruzan breves palabras con sus hijos sin adentrarse en los problemas que estos pudieran estar pasando. Son estos papás “candil de la calle y oscuridad de su casa”, pero bien que presumen una “vida ejemplar” que están muy lejos de tener en la realidad.
Aparentar lo que en la vida real carecen o no existe es lo que muchos presentan diariamente en las redes sociales. Más de uno se presenta como el más exitoso en su entorno en los espacios virtuales, cuando apenas el sueldo y le alcanza para medio o mal comer. Mujeres lucen despampanantes en selfies enseñando el mejor ángulo de sus físicos para atraer incautos, cuando muchas de ellas viven en casas humildes y ni el quehacer hacen para mantenerlas limpias. Hombres presumen también el trabajo en el gimnasio y un modo de vida de “lujos” que solo en sus sueños existe y muchos de ellos son padres irresponsables. Y así, son infinitos los casos de “irrealidad” que se exhiben en las redes sociales donde abundan los perfiles falsos que se adueñan de identidades ajenas.
Por eso, si queremos recuperar lo mucho que hemos perdido como sociedad, ese valioso contacto diario con nuestra familia y amigos, hagamos el esfuerzo de retomar la convivencia sana que desde hace ya muchos años hemos dejado por aferrarnos a una tecnología que nos aprisiona y nos hace olvidarnos de que somos seres humanos y no zombies vivientes que enterramos nuestras vidas en un celular.