¿Aniversario de lujo?

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El Partido Revolucionario Institucional (PRI) cumplió ayer 89 años de su fundación. Ochenta y nueve años que significan orgullo para quienes enarbolan los principios que dan sustento a este instituto político. Quedaron atrás los tiempos del partido hegemónico. Hoy, la pluralidad política en México es una realidad que permite al viejo partido transformarse, adecuarse, para mantener su presencia nacional, luego de su descarrilamiento en el 2000.
Desde entonces, para los priistas, ya nada es igual. El Revolucionario Institucional es un partido competitivo, abierto al debate, la crítica y la autocrítica. Dejó de ser el único punto de referencia política en el país, al insertarse en un universo con muchos soles y muchas lunas.
Por encima de errores y traiciones; de desvelos y corrupción de malos políticos emanados de sus filas, el PRI respira, pero se le acelera el pulso por las presiones internas y externas, de frente al difícil compromiso electoral del 1 de julio próximo.
Se dice fácil, pero cumplir 89 años tiene su razón de ser. En casi nueve décadas, este partido ha sido determinante en la vida política, económica y social de la nación mexicana. ¿Cómo sería México sin el PRI, sin los priistas? Es una pregunta que obliga, necesariamente, a reflexionar sobre lo que este partido ha dado a los mexicanos, pero también lo que ha dejado de hacer para cumplir con sus postulados.
Los tiempos actuales ponen a prueba a muchos priistas, dizque de “hueso colorado”; ponen a prueba a quienes en otras épocas hablaban de lealtad y convicción a raudales y ahora padecen el síndrome del olvido. A quienes hablan de un PRI corrupto, antidemocrático y anacrónico, cuando que como “distinguidos priistas” acumularon poder y fortuna, asegurando el futuro económico de varias de sus generaciones
Las deserciones y traiciones se registran en quienes bebieron en demasía las mieles del poder, y que ahora -por efecto gravitacional- ven el vaso medio vacío. Pero esta situación no preocupa a los verdaderos actores del tricolor. Al contrario, permite a este partido depurar sus filas, aunque el riesgo de las tentaciones ineludiblemente existe. Los leales permanecen.
Unas veces como partido gobernante, otras como oposición, el PRI siempre ha estado presente en los cambios que dan sustento a la vida democrática del país, en el proceso de transformación que ha permitido avanzar, aunque no sea en la medida que muchos quisieran.
México se debate en la definición de su futuro, en medio de una crisis de credibilidad, agobiado por los políticos corruptos priistas y no priistas. Los tricolores van por la reivindicación de sus orígenes revolucionarios; tienen en juego cuestiones de honor que podrían perderse inexorablemente, de no existir entendimiento para fortalecer y mantener su estructura, quizás, el más viable salvoconducto para ganar la elección presidencial.
El de ayer, sin duda, fue un día distinto para los priistas del país, en la celebración del aniversario 89 de su partido. Con los pies bien puestos sobre la tierra, con ánimo de caminar con certidumbre hacia la justa electoral más competida en toda la historia política de México, el personaje central, que no fue otro que el candidato de la coalición “Todos por México”, José Antonio Meade, soltó los amarres.
En la sede nacional del PRI, lo más granado del priismo nacional “pasó revista”. Integrantes del gabinete de Enrique Peña Nieto (el gran ausente), del equipo de campaña de Meade, así como gobernadores, entre ellos el de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, hicieron acto de presencia para ratificar su lealtad y respaldo al hombre que tiene la enorme responsabilidad de entregar buenas cuentas.
Allí, en abierta lucha contra la corrupción, por la aplicación de las leyes a quienes “hagan humo”, José Antonio lanzó sendos mensajes tanto para los priistas como también para los que no lo son. Pidió a los primeros dar lo mejor de sí, “la batalla de su vida”; pelear hasta con los dientes si es preciso, con tal de llevar el barco tricolor a puerto seguro. “No vamos a permitir que regrese un México de caudillos ni de mesías”, dijo a los segundos.
Meade admitió que en el juicio histórico del tricolor hay errores, y que de ahora en adelante los priistas van a trabajar para hacer un “México chingón”, porque aseguró, que los malos ya se fueron. Muy lejos del corazón de millones de mexicanos que aun tienen fe, que creen en su partido como la mejor vía para garantizar tranquilidad, seguridad y bienestar a los mexicanos. La película apenas inicia.