Alimentando leones

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Pensar en que “sigue la mata dando”, es aterrizar en el campo minado de la aceptación que ante un público que llena el teatro del morbo, de la conversión de aquello que pudiera ser la catapulta para una visión con propuestas y proyecto, en un espectáculo grotesco y denigrante en que la defensa es la propuesta y el ataque entre participantes es el proyecto que se hace público en las descalificaciones y en el que los protagonistas tan solo demuestran esa falta de respeto a la sociedad, al presentar los vicios que se han vuelto costumbre y que les da aún mucha más confianza, porque demuestran su autoridad por el modo que tan solo ellos tienen, para enterrar aún más a la democracia que en toda su crudeza, presentan a la conciencia ciudadana sin el temor a una reacción en contra, que en “este juego de Juan pirulero”, el juego de uno es el juego de todos, pero únicamente entre ese selecto grupo que ha demostrado haber evadido desde siempre, las aguas limpia-pecados de Juan el Bautista.
Tal vez siendo profundamente analíticos, el mucho pensar nos ayudaría a encontrar una respuesta que hiciera aceptar que en estos tiempos de Dios, esto pudiera ser denominado como un deporte de exhibición, con la posibilidad de darle más seriedad y credibilidad, de que en un futuro cercano, se le permitiera ser también un deporte de contacto. Solo eso haría falta para llenar el requisito de la emoción de las arenas llenas, y el retumbar de gritos de seguidores que entre amigos y familias se atacan y destruyen, mientras el poder y las canonjías se sigue dividiendo entre los mismos, y los mismos de los mismos, en la herencia de fieros gladiadores que su buena estrella los ha hecho jamás perder el camino, convirtiéndolos en los Reyes Magos de la política actual.
La publicidad la hace interesante y los primeros actores en todos los medios de comunicación, la hacen trascendental al lanzarse acusaciones en que lo raro de todo ello es que no hay autoridad que las investigue, y por ende, castigo que se pueda dar a esa muestra pública de violaciones a los derechos y obligaciones de los más elemental de nuestra sociedad, como lo son los ciudadanos, que en vez de sentir el escozor que lo lleve a la búsqueda de su libertad de pensamiento y palabra, se queda tan solo con el derecho de la omisión para seguir siendo alimento de vicios engordados y de silencios oprimidos. Ellos siempre serán los eternos perdedores, pero aun así, en su euforia, vomitan su júbilo al emitir la decisión de Ganador a su verdugo.
Una real arena de decisión democrática profunda, sería en el respeto a la propia persona, y a la confianza de unos fieles seguidores que hacen de nombres y siglas, algo muy ligado a su propia existencia, con el respeto por delante considerando que “primero lo primero”, implica soluciones sociales así como libre participación en el aprovechamiento de capacidades que ayuden a construir y no a explotar, que piensen en compartir y no a imponer, y que consideren que la diversidad no tan solo está en el color de la piel ni en las características físicas, sino en la fuerza del pensamiento, aunque ahora tan solo sea visto y leído como algún pasaje de ciencia ficción, sé que se hará el día que la decisión conduzca a yo no seguir ALIMENTANDO LEONES.