Adultos mayores: burla e incredulidad

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Desde la Gracia clásica hasta la actualidad, la actitud ante la ancianidad ha sido marcada por las diferentes sociedades, que han ido degradándola hasta conducirla a extremos de marginalidad que le niegan una calidad de vida, y más aún, una vida activa en el aprovechamiento de sus conocimientos y sabiduría, echándolo al fondo de un costal de burlas y sarcasmos sin pensar que el camino es uno, y que la vida conduce sin dilación, a quien tiene la suerte de llegar y de seguir, al mismo rumbo y destino.
Cuando se olvida que la senectud debe ser tratada y atendida por haber sido la base que de manera determinante ha contribuido a forjar las sociedades, entonces se transparenta una total falta de ética y valores que tan solo proyectan la negación de una convivencia humanizada, que divorciada de la justicia y de la razón, transgreden los derechos generacionales que obligan al respeto, al reconocimiento, y a la generación de espacios en los cuáles continúen con la siembra y cosecha de su esperanza, amor y confianza.
Griegos y Hebreos tenían en los patriarcas a sus fuentes de veneración y consulta, aunque en su libro “Ética a Nicómaco”, Aristóteles establecía: “A todos los ancianos debemos honrarlos según su edad, levantándonos para salir a su encuentro, cediéndoles el asiento, y con otros actos semejantes de cortesía”. O sea, Respeto por todo lo hecho y vivido, ese es el inmenso significado de esa aparente insignificante frase aristotélica, que aunado a lo escrito por Platón, respecto a que la vejez es una enfermedad para evitar la soledad, “La enfermedad es una vejez prematura y la vejez una enfermedad permanente”. Quien tenga una respuesta para esto, espere a llegar al momento preciso para aplicarla en este hermoso viaje que se llama vida.
En este viaje de comparaciones a través de los siglos, se hacen fuerte los postulados de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” de la Revolución Francesa, en donde los jóvenes se convierten en piezas importantes en el inmenso engranaje de la maquinaria industrial y los ancianos son eliminados por inútiles en esta enorme sociedad opulenta. Cualquier comparación con la realidad será mera coincidencia, pues esto no puede suceder en un siglo XXI en donde los postulados de la revolución son bandera y estandarte para la conquista de los pueblos, de las conciencias, de las vergüenzas y de la inequidad en una espantosa tranquilidad en que caminan juntos y de la mano, las traiciones, la corrupción, el escarnio, la protección y la injusticia comprobadas. En Estados Unidos, John Rawls define a la Justicia como equidad y postula lo siguiente: “Todos los valores sociales (libertad y oportunidad, ingresos y riquezas así como las bases sociales y el respeto de sí mismo) habrán de ser distribuidos igualitariamente, a menos que una distribución desigual de alguno o de todos esos valores redunde en una ventaja para todos, en especial, para los más necesitados”. Enorme lección de ética ignorada por los que dirigen los destinos en una demostración plena de poder,.
Las sociedades y los gobiernos tienen la obligación ética de velar por estos seres que entregaron su vida plena en el consumo de su fuerza, y no por compasión, sino por justicia. Porqué crear organismo de protección solo para dar espacios a la realeza política del momento, porque para ellos los adultos mayores… son una burla e incredulidad .
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