“A mover la colita”

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El ambiente político comienza a calentarse, a pesar del intenso frío que azota buena parte del país. Un frío que cala hasta los huesos y que engarrota la conciencia de no pocos mortales que experimentan los primeros efectos de la guerra política que se libra desde estos momentos de manera creciente. Una guerra en donde, como el amor, de todo se vale, aunque la gran diferencia es que ahora la gente es más participativa y no tan fácilmente se la llevan al baile. Con leyes más claras y definitorias.
Mientras en el ámbito federal el mosaico electoral toma forma, a nivel estatal los tiempos siguen su curso en un ambiente cada vez más movido, más perceptible por las presiones que ejercen las fuerzas políticas, comenzando con la “chiquillada” que quiere su “cocol”, derivado de lo que acontece arriba.
Primero fue José Antonio Meade por el PRI, y después los acuerdos alcanzados entre el PAN, PRD y MC (coalición “Por México al Frente”) para postular candidato a la Presidencia de la República, lo que no deja dormir tranquilo al mandamás de Morena, Andrés Manuel López Obrador, que en sus palabras lanza sus penas al viento, actitud que en el entorno político significa preocupación. ¡Y cómo no la ha de tener!
Como se ven venir las cosas, la del próximo año será una competencia electoral reñida en donde ganará no el más popular ni el más simpático, sino el que mejor convenza a los ciudadanos a través de una propuesta de nación viable y congruente con la realidad que vive el país, que cada día nos “obsequia” sorpresas, tropezones y proyecciones.
Diversos pensadores que compaginan, en tiempo y forma, con el proyecto de Morena, anuncian el inminente triunfo de Andrés Manuel López Obrador en julio del próximo año. Otros más suponen que la división de la izquierda por el radicalismo del propio López Obrador, y por las fisuras del PAN, que por terquedad de un hombre que quiere hueso, que ayer dejó la presidencia del CEN de este partido, se beneficiaría al PRI con el triunfo, de llegar a mantener unido su “voto duro”.
Pero los más centrados, mencionan que la moneda se encuentra en el aire, pues las campañas electorales aun no empiezan y muchas cosas pueden ocurrir en esta batalla de estrategias; de inteligencia y de saber cuándo el electorado dice sí y cuándo no.
Asegurar que el tabasqueño tiene el triunfo asegurado el 1 de julio de 2018, sería un error, aunque -a decir verdad- López Obrador, por tercera ocasión, tiene la mejor oportunidad de su vida de ver coronados sus anhelos de llegar a Los Pinos; de enfundarse la verdadera banda presidencial y responder de esta manera a la preferencia de los mexicanos que le apoyan, muchos de los cuales apasionados seguidores que sólo entienden un lenguaje.
Pero del dicho al hecho existe aun mucho trecho. AMLO tiene qué trabajar inteligentemente para evitar que la paloma se le escape de las manos para luego denunciar “complot” y fraude electoral, como antesala de movilizaciones que traspasarían lo imaginable. Con violencia, con muchos vidrios rotos.
El “lanzamiento” de Meade como aspirante a la candidatura presidencial por el Revolucionario Institucional, superó en mucho a lo que los propios priistas esperaban. Sus primos opositores contribuyeron a que el ahora precandidato del tricolor se aventara una pura y dos con sal a salud del moreno más cotizado en estos momentos, que hace unos días sintió verse desplazado en popularidad.
Pero como dice el arriero, lo importante no es llegar primero, sino saber llegar: mantenerse en la cima, lo que difícilmente lograría el de Macuspana si no cambia su forma de hacer política, aun cuando diversos sectores de la sociedad lo vean como posibilidad de triunfo y con los tamaños suficientes para dirigir el país, que no es una responsabilidad sencilla. No es lo mismo ver el toro desde el burladero que en medio del ruedo.
Por ello, Andrés Manuel apostó reputación política y otras cositas más para detener el “oleaje Meade” que le comenzaba a provocar urticaria mediática. Y “se la jugó” una vez más con algo que él sabe muy bien manejar: el sensacionalismo, con aquello de su propuesta de negociar una “salida pacífica” con los cárteles de la droga, por medio de la amnistía, como alternativa para lograr la paz y seguridad en México, en caso de ganar la elección. Las reacciones no se hicieron esperar.
Ciertamente, la asunción de José Antonio Meade generó réplicas entre seguidores y simpatizantes de AMLO; y entre los propios priistas que confunden gimnasia con magnesia; negativo con positivo. Entre los aliados PAN y PRD, cuando la aurora boreal todavía comienza a resplandecer con sigilo en una gama de colores, con un espectro de luz que marca el camino a seguir por quienes comienzan a ser iluminados por el rayo celestial.