A 155 años de distancia

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El pasado 29 de abril se ajustó el 155 aniversario de la ratificación del decreto expedido meses atrás por el presidente Benito Juárez que daba a los campechanos emancipación política, luego de que las Legislaturas del país emitieran su apoyo a esa determinación, tras años de rivalidad e inequidad económica del mando territorial con sede en Mérida, que alcanzó su máxima expresión cuando Pablo García encabezó un movimiento que desconoció a las autoridades de Yucatán, en agosto de 1857.
Este día, de especial significado para los campechanos de bien, debería representar uno de los principales valores estatales, como punto de partida para encausar proyectos tendientes al mejoramiento de la calidad de vida y bienestar de la gente, si se toma en cuenta que desde esa época ya se hacía patente el reclamo de atención más justa y equitativa a Campeche por lo mucho que se daba a Yucatán y por lo poco que se recibía. En esos años, el potencial comercial del distrito Campeche representaba una de las más activas estrategias políticas de la cúpula del poder que paradójicamente no permitía crecer a los campechanos. Sólo migajas y participaciones ridículas que resultaba una ofensa a la idiosincrasia de nuestro pueblo. El pueblo de valerosos hombres que un día decidió darle un giro de 180 grados a su forma de gobernar y de vivir.
La separación de Yucatán respaldada por Juárez, puso en el centro de las deliberaciones a los pobladores campechanos de aquélla época, al enfrentar el toro en pleno ruedo sin espada ni capote. Un reto de enormes dimensiones que nuestros antepasados decidieron enfrentar con voluntad política pensando en el Campeche del futuro; en el bienestar de las nuevas generaciones, con una nueva mentalidad.
Por sobre todas las cosas, las condiciones para ascender a mayores y mejores planos estaban dadas. Prosperidad y desarrollo, fueron legítimas aspiraciones de un pueblo generoso y trabajador. Vinieron décadas de altibajos políticos y económicos que no fueron lo suficientemente aleccionadoras para generar consciencia a la altura de la expectativas de los emancipadores. Vinieron buenos y malos gobiernos. Gobiernos corruptos que saquearon el estado y dañaron el sentimiento de la gente, pero que al mismo tiempo alentaron y encendieron la llama de la pluralidad.
El auge petrolero de las últimas tres décadas fue para la entidad una bendición y al mismo tiempo una maldición. La bonanza del petróleo pasó de noche; las consecuencias de la crisis petrolera llegaron de día y pusieron al descubierto una triste realidad: la incapacidad que se tuvo en más de 30 años para romper la iniquidad que la Federación impuso sin tomar en cuenta la contribución de Campeche a las finanzas de la nación por concepto del petróleo.
Presidentes priistas y los dos panistas que dirigieron jugadas desde Palacio Nacional, sólo prometieron y prometieron pero jamás cumplieron a cabalidad. La Ley de Coordinación Fiscal el pretexto. Jamás hubo voluntad política para hacerle justicia al estado.
Con la crisis del hidrocarburo a nivel mundial en los albores de 2015, los campechanos entendimos que la vía para crecer y reducir la brecha entre la pobreza y el bienestar, no era precisamente el petróleo; sí uno de los medios, pero no donde se depositaran todas las expectativas de crecimiento y modernidad del estado, por su vulnerabilidad.
El negro panorama financiero nacional pegó de lleno en el inicio de la administración de Alejandro Moreno Cárdenas en condiciones adversas y complicadas, por lo que el neo gobernador tuvo que recurrir a tácticas políticas sin precedentes para encausar sus compromisos de campaña. Y lo que son las cosas. Enrique Peña Nieto, al que se fustiga y se discrimina más por cuestiones políticas que por incumplimientos de campaña, ha sido eje del avance del estado en distintas vertientes, que literalmente para los detractores no existe.
Es comprensible que Alejandro Moreno tenía que valerse de toda su capacidad política para avanzar en línea recta, con los consiguientes riesgos sobre la marcha. El trabajo que ha desplegado en más de dos años y pico, con cuerpo y corazón; con resultados que benefician a los campechanos sin distingo de credo, apego partidista o condición social. Resultados tangibles en infraestructura educativa; en apoyo sin precedentes a la educación de niños y jóvenes. En el campo, seguridad pública y en atención a los grupos vulnerables.
La consecución de las Zonas Económicas Especiales para Campeche representan “cartas fuertes” en el proyecto modernizador de Moreno Cárdenas que pondera beneficios a miles que creen en el desarrollo y modernización del estado; en quienes experimentan por estas fechas sensaciones poderosas que invitan a la reflexión, ante el peligro de perder todo lo que se ha avanzado, de no tomar la mejor opción a la hora de decidir por el futuro de México. Ciento cincuenta y cinco años han sido más que suficientes para tener un Campeche más fuerte y más unido.