8 de Marzo. Del no voto al #metoo

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No es tanta el agua que ha corrido bajo los puentes desde que en 1953 el presidente Ruiz Cortines promovió una reforma legislativa para que las mujeres pudieran votar y ser votadas; 65 años en términos históricos es apenas un suspiro. No obstante haber sido un paso importantísimo en la lucha por los derechos de la mujer, claramente, al paso de los años, hemos visto el largo camino que aún queda por recorrer.
Es como el cuento de dos pasos adelante y uno hacia atrás, o peor aún, un paso adelante y dos hacia atrás. Con los dedos de las manos pueden contarse las primeras mujeres que ocuparon cargos de elección popular, sobre todo a nivel federal. Ello como concesión graciosa del género masculino, autonombrado custodio permanente y vitalicio de los lugares santos que son las curules y los escaños, tan escasos siempre para las mujeres y tan abundantes para los hombres, aunque estos no tengan mayores méritos o, peor aún, lleven a cuestas pasados cuestionables en muchos sentidos.
Luego vinieron los subterfugios, los disimulos, la titularidad para los varones, las suplencias para las mujeres. O más bonito todavía, la titularidad para las mujeres, a fin de cumplir con la cuota impuesta por la ley, renunciable al día siguiente para que su suplente varón, auténtico beneficiario de su partido, pudiera ocupar la curul o el escaño. El famoso y vergonzoso caso de las “juanitas”. Las leyes han tenido que reformarse una y otra vez para tratar de blindar el acceso de la mujer a los puestos de elección popular. Actualmente, una sola mujer gobierna un estado, de 32 entidades federativas en que se divide nuestro país. No hablemos de los puestos que solo requieren del nombramiento de un presidente, gobernador, secretario de despacho, incluso de tribunales de justicia. La proporción de mujeres que ocupan cargos de relevancia es irrisoria frente al número de varones.
Eso sí, en el Día de la Mujer se desgranan los discursos y las alabanzas sobre el papel de la mujer, sobre el lugar de la mujer. Tristemente, con toda frecuencia tirios y troyanos confunden el día de la Mujer con el día de la Madre; abundan los discursos simplones, cursis, llenos de lugares comunes que destacan la abnegación, el sacrificio, la renuncia a las propias aspiraciones por el cuidado de los hijos, por la dedicación al hogar, por la defensa de los valores familiares, descargando así al hombre de toda responsabilidad en el cuidado de la familia y los hijos. Si los hijos se descarriaron, es que su madre no estuvo pendiente de ellos, si el marido se fue con otra, es que la mujer no lo atendió bien, si la familia se desbarata, la culpa es de la mujer por querer salir a trabajar fuera de su hogar.
Y la otra arista, la otra cara de la terrible moneda, la mujer que elige la independencia, el trabajo fuera del hogar, el ejercicio de su profesión, frecuentemente enfrenta el acoso, la violencia laboral y sexual, la incomprensión incluso de su propia familia, de su propio esposo y hasta de sus padres. Se encuentra con representantes de la ley insensibles, parciales, de mente estrecha, que sostienen que si la mujer fue violada es porque se lo buscó, porque su lugar está en las cuatro paredes de su casa, porque se vistió de manera provocativa, porque anduvo donde no debía a horas que no debía, en una palabra, porque quiso ejercer su libertad y sus derechos.
El movimiento #Metoo, por ello, es tan importante, porque visualiza una situación que no solo se da en el mundo del espectáculo sino en todos los ámbitos donde una mujer quiera participar. Es un esfuerzo colectivo para darse valor de denunciar conductas reprobables, ilegales, de parte de quienes creen que el sometimiento de la mujer es parte de la normalidad cotidiana.
Bienvenida la denuncia, bienvenida la luz pública sobre los casos de acoso y violación. Si realmente queremos llegar a ser una sociedad equitativa, demostremos solidaridad hacia las mujeres que han tenido los arrestos de enfrentar una sociedad parcial y poco comprensiva para allanar el camino a las miles, millones de jovencitas que ojalá en el futuro no les toque sufrir lo que en 2018 todavía sigue siendo el pan de cada día.