EN MI OPINION

Margarita Rosa Rosado M.

Aunque se oye un poco lejano, 2021 es un año definitorio para la vida institucional y democrática del país. En dos años estaremos votando en las elecciones intermedias. Históricamente, las intermedias, así llamadas porque están a mitad del sexenio presidencial, son elecciones que en general atraen poco al votante promedio, a menos, claro, que coincidan con elecciones de gobernador en su estado, como el caso de Campeche.

El Senado no está en disputa, en varios estados se renuevan los congresos locales y/o las alcaldías y a nivel federal 500 diputados serán reemplazados o buscarán su reelección, me parece, que ya permite la legislación electoral.

¿Por qué decimos que será una elección definitoria? Porque en este momento la Cámara de Diputados está cómodamente en manos de Morena, el partido del presidente que, junto con sus aliados, juntan lo que se llama mayoría calificada, es decir, dos tercios de la totalidad, lo que les permite reformar la Constitución sin tener que escuchar, negociar o pactar con la oposición, que quedó reducida a su mínima expresión.

¿Recuerda usted la famosa frase de “al diablo con sus instituciones”, pronunciada por un colérico López Obrador al perder la elección presidencial? Bueno, eso es lo que está tratando de hacer desde el poder y con el apoyo de diputados que bailan al son que él les toque y son incapaces de pensar por ellos mismos y, líbrenos el Señor, hacer propuestas que no lleven el visto bueno previo de su amado líder.

Y si alguno llegara a salirse del huacal, por la vía rápida lo meten sin mayor titubeo. Véase por ejemplo la prohibición por 10 años a exservidores públicos para trabajar en su área de experiencia en el sector privado; cuando alguien se atrevió a bajar la condena a cinco años, el presidente manifestó públicamente su malestar y de inmediato volvieron a poner los 10 años, faltaba más.

Con la aplanadora de la Cámara de Diputados, todas las disposiciones legales que no requieran la intervención del Senado, donde Morena no cuenta con mayoría calificada, pasan y pasarán sin mayor examen. Esto es riesgosísimo para la vida democrática del país, sobre todo por el talante mostrado por el presidente de pretender

desmantelar las instituciones que, dicho sea de paso, le sirvieron para acceder al poder por la vía de las urnas. Su cuarta transformación va en serio, quiere destruir lo que los mexicanos hemos construido con esfuerzo y no pocos sacrificios y sustituirlo por adefesios ideologizados que en lo político y lo económico implican una regresión de 50 años y en lo social representan una moralina y un conservadurismo a ultranza así como la destrucción del Estado laico y las libertades individuales que ello implica.

Por eso es tan importante que los partidos políticos, esos tan apocados y desorientados después de que les pasó por encima la aplanadora morenista el año pasado, se pongan las pilas y asuman su nuevo papel de oposición, reconstituyan su base, trabajen a nivel de piso con un electorado que cada día que pasa se desilusiona más con la 4T y se conviertan nuevamente en una opción.

Es de vital importancia que en 2021 se equilibren las fuerzas políticas al interior de la Cámara de Diputados para que el proceso legislativo deje de responder a ocurrencias y consignas desde Palacio Nacional y proteja las instituciones frente a la improvisación y la incompetencia. Nos urge a los mexicanos el fortalecimiento de los partidos políticos de oposición.

En este sentido, las elecciones internas en el PRI y sus resultados marcarán sin duda el rumbo y revigorizarán a un partido que pese a contarse entre las víctimas del tsunami morenista del año pasado, cuenta con una militancia dispuesta a dar la pelea. Para ello requiere un liderazgo fuerte, comprometido y con visión de largo plazo. Muy pronto sabremos si en 2021 contaremos con él. Esperemos que sí.