Reviven la pasión y muerte Cristo

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El Viacrucis Viviente atrae cada año la participación de decenas de católicos del barrio Santa Ana y colonias circunvecinas.

Daniel Castillo

La lluvia matutina no impidió que los feligreses a vivieran con fe la Pasión y Muerte de Jesucristo, a través del Viacrucis Viviente de la Parroquia de Santa Ana, que este año ajusta 57 ediciones, en recorrido por las principales calles del tradicional barrio que concluyó después de cuatro horas, sin contratiempos.
Tras la bendición del párroco Armando Rosado Cel, dio inicio la representación con la Primera Estación, donde Jesús, interpretado por Francisco Cahuich Mayor, fue condenado a morir crucificado, ante decenas de personas que se mantuvieron en el atrio de la iglesia de Santa Ana presenciando el momento en que Jesús de Nazaret era confinado para recibir su castigo, a través de azotes por proclamarse el Hijo de Dios.
A lo largo de 20 minutos, un grupo de jóvenes y adultos, personificando a los soldados romanos, flagelaron el cuerpo de Jesús de Nazaret, haciendo mofa de su poder que no era capaz de salvarlo del castigo. De nueva cuenta se consultó ante el pueblo si se perdonaba la sentencia de muerte, pues no se encontraba delito. La respuesta fue siempre la misma.
Los sacerdotes exigieron la crucifixión, o en todo caso, acusarían a Poncio Pilatos de traidor al César. Mientras, en silencio, Jesús ya tenía sobre su cabeza la corona de espinas que le endilgaron los soldados romanos, luego de castigarlo hasta hacerlo casi morir a golpes.
La sentencia estaba dada, Jesús sería crucificado ese mismo día.
Arrepentido, Pilatos pidió perdón a Jesús de Nazaret, pero le dejó en claro que la decisión no era suya; y por primera vez, tras el castigo, Jesús alzó la voz para decirle: “Tu no tendrían ningún poder si no se te hubiera dado de lo alto, por eso el que me entregó en tus manos es más culpable que tú”.
Ante el asombro de miles de personas de todas partes de la ciudad, llegaron a la Segunda Estación, Jesús salió cargando su cruz, escoltado por el grupo de soldados que fueron encabezados por los sacerdotes y acompañado de decenas de sus seguidores, entre ellos sus apóstoles que intentaban pasar desapercibidos y su madre, María.
En esta ocasión el recorrido se programó por las calles Paraguay, tomando la calle Querétaro, avanzando hasta integrarse a la calle Nicaragua y continuando hasta la calle Tamaulipas, por donde se mantuvo el Viacrucis, retornando hasta el atrio de la Iglesia por la calle 45, sumando un par de kilómetros.
En el recorrido, sobre la calle Paraguay, en la Tercera Estación, Jesús cayó por primera vez, momento en que las fuerzas lo vencieron y caía de rodillas ante la muchedumbre, aumentando el dolor de su madre, de sus apóstoles y quienes intentaban ayudarlo sin que los soldados romanos se los permitieran.
En esa estación, escenificaron el momento en que Judas es encontrado colgado de un árbol, luego de haber devuelto las 30 monedas que recibió como pago por traicionar y entregar a Jesús, sitio en el cual se dio un mensaje pidiendo evitar el suicidio como una puerta de escape a los problemas.
Ya en la Cuarta Estación, Jesús se encuentra con su madre, María, el momento más emotivo entre quienes presenciaron el Viacrucis Viviente, y que arrancó lágrimas a propios y extraños, ante las conmovedoras palabras de Jesús y María en ese paso doloroso, donde una madre ve a su hijo flagelado.
El recorrido continuó sobre la Querétaro, donde escenificaron la Quinta Estación, en la cual Simón el Cirineo es obligado a ayudar a Jesús a cargar su cruz.
En este tramo se permitió que los feligreses que acompañaban el recorrido ayudaran a cargar la cruz para participar activamente en el viacrucis.
Fue en la Sexta Estación cuando se vivió el momento en que Verónica le limpia el rostro a Jesús y queda plasmada su figura en el paño, acción con la cual invitaron a reflexionar sobre la acción de una mujer que ama incondicionalmente, sin fijarse en lo dañado del rostro, con esa imperfección que mostraba la perfección de su amor por los demás.
En el camino de regreso a la iglesia de Santa Ana, se escenificaron las dos caídas más del Viacrucis, donde los participantes en la escenificación, sin importarles que las calles aún se encontraban mojadas a causa de la lluvia matutina, se entregaron con pasión en la representación, que cada vez emocionaba a los feligreses que acompañaron todo el trayecto.
Finalmente, en el atrio de Santa Ana, Jesús de Nazaret y los dos ladrones, fueron crucificados, ante el llanto de sus familiares, de su madre, de sus apóstoles.
Ahí Jesús fue vejado, en lugar de agua recibió vinagre con mirra, sus ropas fueron sorteadas en los dados, mientras decía: “Señor, perdónalos, no saben lo que hacen”.
Desde las 12 del día y hasta las 3 de la tarde el cielo se nubló. “Entonces Jesús gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Mientras todos lloraban, el ladrón bueno imploró perdón y recibió la promesa de llegar al paraíso con el hijo de Dios. A las 15:00 horas, Jesús alzó la mirada al cielo y dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi alma. Finalmente murió”. Jesús fue bajado de su cruz y entregado el cuerpo a su madre, a sus familiares, quienes lo prepararon para llevarlo hasta su sepulcro.

Saldo blanco
Con un recorrió más de 3 kilómetros de calles, el Viacrucis Viviente de la Parroquia de Santa Ana, reportó saldo blanco y sin contratiempos, consolidándose como la representación más antigua y emotiva de la capital campechana.
En esta ocasión, diversas parroquias realizaron el llamado “camino de Jesús hacia la cruz”, como en la Catedral, que recorrió el Centro Histórico, San Juan de Dios, el Santuario de Guadalupe, la iglesia de Santa Lucía, la parroquia de San Francisco de Asís, la iglesia de San Román, entre otras.