Campeche, de los primeros Estados en amparar a niños y adolescentes

37

Vivir en familia es un derecho fundamental para todos los niños y niñas, sin distinción. Actualmente en Campeche existen alrededor de 80 menores que requieren un hogar en el que puedan recibir los cuidados y amor.
Por ello, a través del Programa de Acogimiento Familiar, el Sistema DIF Estatal invitó a la sociedad a sumarse a esta labor en la que se busca dar a estos pequeños la oportunidad de desarrollarse en un ambiente sano, en tanto que puedan ser reintegrados a sus familias, o bien, que cuando cumplan la mayoría de edad tengan herramientas para defenderse en la vida.
La estrategia difiere de la adopción, pues forma parte de otra iniciativa.
La subdirectora de Atención Psicosocial a Niños, Niñas y Adolescentes, Eloísa Gallardo, explicó que el plan de acogimiento familiar es una medida especial para proteger a los menores que por algún motivo no tienen cuidados parentales. Consiste en que familias solidarias, previamente evaluadas, se comprometen por un periodo determinado a cuidar, proteger y brindar cariño a los niños que lo requieren.
Con base en las necesidades de cada pequeño se hace un plan de trabajo individual, en el que se determina la temporalidad del cobijo, que va desde seis meses hasta el tiempo en el que alcance la mayoría de edad y se vuelva independiente.
“Son niños que por alguna razón tuvieron que ser separados de sus familias, puede ser porque fallecieron sus padres y en lo que se encuentra a algún familiar cercano se toma esa medida de protección. También puede ser porque fue separado de sus familias por una situación de violencia, entre otras, en la que requieren ser cuidados por el Estado y el apoyo de estas familias solidarias”, explicó.
En Campeche hay alrededor de 80 menores en los Centros Asistenciales del DIF Estatal y que demandan a una familia que los cuide y los proteja.
“Esta cifra va modificándose constantemente. Principalmente son adolescentes y es nuestra población más importante que necesitamos atender para que antes de que lleguen a la mayoría de edad tengan una vida independiente; que ellos puedan tener la posibilidad de integrarse y convivir en una familia para que sepan qué es vivir en comunidad, y cuando se vuelvan independientes, no solo tengan la capacitación para trabajar y ser productivos, sino que sean capaces de tener relaciones sanas”, expuso.

MISIÓN INTEGRAL
Otro objetivo del programa es que la familia de origen pueda recuperarse del problema por el que atraviesa, por ejemplo, de drogadicción o violencia. También se les apoya para que pueda reestablecerse, y mientras eso pasa, sus hijos están bajo el cuidado de otra persona. No son separados por completo porque al acudir a las terapias pueden verlos y convivir con ellos, siempre bajo supervisión.
Para que los voluntarios puedan participar como tutores deben primero pasar por tres evaluaciones: la primera es la acreditación legal en la que entregan toda su documentación para saber quiénes son los miembros de esa familia, su modo de vida, situación laboral, entre otros.
La segunda es la de Trabajo Social, que consiste en una visita en el domicilio para constatar que el niño tendrá las condiciones óptimas de vida; y la tercera es la evaluación psicológica para garantizar siempre el bienestar superior del niño.
“Se trata de familias solidarias que no necesariamente conocen a los niños y nosotros como Estado lo que garantizamos es que son familias que podrán proteger de manera adecuada al niño”, expresó.
Después de esas pruebas, la familia que brindará un hogar temporal al menor recibe una capacitación y es el consejo integrado por la directora general del DIF y miembros de la Procuraduría de Protección a Niños, Niñas y Adolescentes, el que determina si es apta para formar parte de un banco de familias de acogida.
El compromiso que adquieren estas personas, es ser los responsables de esos pequeños y eso implica todas las tareas de padres, es decir, llevarlos a la escuela, alimentarlos sanamente, atención médica, amor y disciplina.

RESULTADOS PRELIMINARES
Añadió que durante el tiempo que dure el acogimiento, el Sistema DIF Estatal tiene la responsabilidad de brindar atención psicológica, apoyo y orientación tanto a la familia de origen (en caso de que exista) así como al niño y a la familia que le ha ofrecido su hogar. Después del tiempo establecido y de haber superado el problema, los padres pueden recuperar a sus pequeños.
“Hace un año empezamos con un piloteo del programa acompañados de Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y de RELAF que es la Red Latinoamericana de Acogimiento Familiar, somos de los cinco primeros estados del país que estamos dando cumplimiento a esta medida que marca la Ley General de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, tuvimos todo un año de capacitación por parte de estas dos instituciones, porque es una medida que no solo se hace en nuestro país sino a nivel internacional y es muy importante para fortalecer el que los niños viven en familia”, explicó.
Actualmente son tres menores los que viven con familias de acogida, uno de ellos es una adolescente junto con su bebé, que ha sido recibida en un hogar hasta que alcance su mayoría de edad. Además de que existen cuatro familias certificadas por el Consejo Técnico para Familias de Acogida, es decir, que son aptas para brindar su hospitalidad a algún pequeño.
Finalmente, invitó a las familias generosas, grandes de corazón, que de alguna manera quieran apoyar a estos niños a tener un mejor entorno, a acercarse al Centro de Atención Psicosocial a Niñas, Niños y Adolescentes (CAPANNA) para que se les brinde la información necesaria, atienden de 8:00 a 15:00 horas y se encuentra en la Avenida Adolfo López Mateos Número 229.
Aunque algunos pequeños requieren de familias permanentes, la adopción forma parte de otro programa cuyos trámites debe realizarse ante la Procuraduría de la Defensa de Niños, Niñas y Adolescentes ubicada en el edificio del Centro de Justicia para la Mujer, en calle 53 con 16, planta Alta, Centro.

Información: Lorena García Méndez