La inversión en bienes intangibles alcanzó un nuevo pico en 2025, impulsada por el avance de la Inteligencia Artificial y la expansión de plataformas digitales. Un informe de la OMPI señala que software, datos y actividad de I+D toman un peso creciente en la economía global; ese cambio tiene efectos concretos en empresas, empleo y políticas públicas.
Según la agencia de la ONU para la propiedad intelectual, la suma invertida en activos no tangibles superó los 10 billones de dólares en 2025 en las 29 economías analizadas, que en conjunto representan el 57% del Producto Interno Bruto mundial. El estudio incluye a Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Japón, India y otras naciones relevantes; sin embargo, no considera a China.
Qué se considera “activo intangible”
La OMPI agrupa diferentes partidas que no son físicas pero aportan valor económico. Entre las más relevantes están:

- Investigación y desarrollo (I+D) aplicada a productos y procesos.
- Software y bases de datos que sostienen servicios digitales y automatización.
- Marcas, diseño y propiedad intelectual asociada a productos y plataformas.
- Conocimientos organizacionales y capital humano especializado.
Desde 2008, la inversión en estos rubros ha crecido a una tasa real anual del 3.5%, muy por encima del aumento del 0.98% observado en activos tangibles durante el mismo periodo. Ese diferencial subraya una transformación estructural: el valor económico ya no se genera solo a partir de fábricas o infraestructura física.
Implicaciones prácticas
Para las empresas, el resultado es claro: la valoración y la competitividad dependen cada vez más de su propiedad intelectual, sus algoritmos y su capacidad para explotar datos. En los mercados financieros eso se traduce en modelos de negocio donde el balance tradicional refleja menos del verdadero capital subyacente.

En el terreno laboral, la demanda se desplaza hacia perfiles con habilidades en datos, desarrollo de software y gestión de innovación. Para el sector público, el reto pasa por adaptar marcos fiscales, normas de protección intelectual y métricas macroeconómicas que capturen mejor estos activos.
Qué conviene vigilar
- Medición: actualizar cuentas nacionales para incluir intangibles de forma consistente.
- Regulación: equilibrar protección de la innovación con competencia y acceso a datos.
- Capital humano: políticas educativas y de reconversión laboral orientadas a competencias digitales.
No todas las grandes economías están representadas en el informe, lo que limita inferencias globales directas. Aun así, el patrón es claro: la digitalización y la IA aceleran la preferencia por inversiones intangibles, y ese fenómeno ya está remodelando prioridades corporativas y públicas.
El salto en inversión observado en 2025 plantea dos preguntas urgentes: cómo medir con precisión ese nuevo tipo de riqueza y cómo diseñar políticas que permitan aprovecharla sin aumentar desigualdades ni riesgos sistémicos. La respuesta determinará en buena medida qué países y empresas lideran la próxima década.
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Héctor Rivas se especializa en análisis económicos y financieros. Recibirá consejos claros e información precisa sobre los mercados, las empresas y las tendencias económicas globales.