Pajita de 50 euros promete evitar que tu celular contamine tu bebida: ¿vale la pena?

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Di Diego Soler


            Hay gente pagando 50 euros por una pajita para que su móvil no contamine el agua: "estás bebiendo protección"

Un nuevo producto viral promete algo improbable: que una simple pajilla metálica puede “proteger” las bebidas del campo electromagnético de los teléfonos. La moda ha ganado tracción en redes como TikTok e Instagram y, según un reportaje reciente de Wired, ya se comercializa por decenas de dólares; la cuestión relevante hoy es cuánto de esto responde a un riesgo real y cuánto a aprovechamiento comercial del miedo.

La pieza en cuestión se vende bajo nombres como Frequency Charged Straw y no difiere mucho de otras pajillas reutilizables: metal, forma curvada y un orificio en la mitad por donde se dice que sale el líquido. Lo viral, sin embargo, son las demostraciones que muestran influencers colocando la pajilla entre un cargador y un medidor que supuestamente detecta “radiación” y que, al insertarla, deja de marcar actividad.

La interpretación que proponen es sencilla y seductora: si el detector deja de señalar, el espacio queda “seguro” y, por tanto, beber a través de esa pajilla equivale a ingerir una barrera protectora. A partir de ahí aparecen añadidos más extravagantes: afirmaciones sobre la pajilla impregnada con supuestas «frecuencias armónicas» —en ocasiones citan exactamente “11 frecuencias armónicas”— que, dicen, armonizan las células y recargan la energía interior.

Es importante distinguir tres elementos: qué promete el vendedor, qué muestran los videos y qué respalda la evidencia científica.

  • Promesas comerciales: bloqueo o neutralización del electromagnetismo, protección al beber, restauración energética.
  • Demostraciones virales: uso de detectores caseros que “dejan de leer” al introducir la pajilla; estética cuidada para redes sociales y testimonios personales.
  • Lo que dice la ciencia: la radiación de teléfonos es no ionizante y, hasta ahora, la evidencia epidemiológica no ha establecido un nexo concluyente entre la exposición típica a campos de radiofrecuencia y daños como cáncer; organismos de salud pública consideran el tema en estudio y recomiendan más investigación.

El mercado paralelo del “bloqueo electromagnético” no se limita a pajillas: existen collares, ropa, gafas, pegatinas y todo tipo de accesorios etiquetados como protectores. Estos artículos suelen venderse a precios mucho mayores que sus equivalentes sin etiqueta “protectora”; la pajilla viral, por ejemplo, puede costar alrededor de 50 dólares en boutiques de productos alternativos.

¿Por qué los detectores reaccionan en los videos? Hay varias explicaciones plausibles y mucho menos espectaculares que la de la magia tecnológica: los instrumentos usados por creadores de contenido no siempre están calibrados para medir campos de radiofrecuencia; pueden detectar interferencias eléctricas locales, variaciones en la orientación del sensor, o simplemente estar manipulados para favorecer el efecto deseado.

Un punto clave: la radiación no es una categoría única. La comunidad científica distingue entre radiación ionizante —como rayos X y radiación nuclear, que sí dañan el ADN— y radiación no ionizante, donde se ubican las radiofrecuencias de teléfonos móviles. Esa diferencia explica por qué los especialistas no equiparan automáticamente ambos riesgos.

Organismos como la Organización Mundial de la Salud y agencias reguladoras mantienen posiciones cautelosas: la clasificación de riesgo incluye estudios con resultados mixtos, por lo que recomiendan vigilancia y límites de exposición, pero no sostienen que productos como pajillas o pegatinas tengan efecto protector validado.

Para consumidores y usuarios de redes sociales, las consecuencias prácticas son claras y actuales:

  • Gasto en artículos sin respaldo científico, mientras que alternativas seguras y baratas (como reducir la duración de la exposición cercana al cuerpo) suelen ser más efectivas.
  • Difusión rápida de desinformación que refuerza miedos infundados y complica la comunicación pública sobre riesgos reales.
  • Vacíos regulatorios: plataformas y autoridades no siempre identifican a tiempo la promoción de productos con afirmaciones médicas o de salud no comprobadas.

En resumen, la tendencia que circula en redes combina diseño llamativo, demostraciones escenificadas y lenguaje técnico que suena convincente. Pero hasta que estudios independientes y revisados por pares respalden esas afirmaciones, describir estas pajillas como una forma de “proteger” el cuerpo o las bebidas es, en el mejor de los casos, una exageración comercial.

Si algo queda claro en este repunte de productos contra la “radiación”: antes de pagar por una promesa llamativa conviene comprobar qué dicen las autoridades sanitarias, entender la diferencia entre tipos de radiación y recordar que la presencia de un medidor en un video viral no sustituye a una evaluación científica rigurosa.

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