Burros antiincendios en España: pastan todo el día para reducir el riesgo de fuego

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Di Alonso Delgado

Meet the ‘Firefighting’ Donkeys of Spain, Chowing Down on Grass and Fire Risk from Dawn to Dusk

Mientras una ola de calor azotaba gran parte de Europa y desataba incendios en varias regiones de España, el paisaje de Doñana se mantuvo sorprendentemente verde: no registra un incendio forestal desde hace nueve años, gracias a una estrategia poco convencional pero efectiva: burros que pastan cortafuegos naturales.

En el Parque Nacional de Doñana, un equipo de animales —con nombres como Leonor, Ainoa y Ume— se dedica de marzo a noviembre a recorrer franjas de vegetación que actúan como barreras contra el avance del fuego. Su labor diaria reduce la cantidad de material vegetal seco que, en veranos más cálidos, se convierte en combustible.

Los animales se mueven libremente a lo largo de franjas que alcanzan aproximadamente 40–45 metros de longitud, trabajan cerca de siete horas al día y consumen alrededor de 30 litros de agua cada jornada. La táctica, simple y de baja tecnología, ha demostrado ser más eficiente que el uso exclusivo de ovejas o cabras en ese entorno.

Por qué funcionan los “equipos” de burros

Los pastos controlados por burros ofrecen efectos prácticos que explican su popularidad creciente entre gestores de espacios naturales:

  • Mayor impacto físico: por su peso y forma de desplazarse, los burros aplastan y rompen la vegetación densa más eficazmente que pequeños rumiantes.
  • Consumo superior: comen considerablemente más al día que una cabra promedio, lo que significa una reducción más rápida de biomasa inflamable.
  • Bajo impacto ambiental: permiten mantener zonas de refugio para especies como el lince ibérico y las aves migratorias sin recurrir a maquinaria pesada.
  • Solución local y escalable: su empleo requiere menos inversión tecnológica y se replica con facilidad en territorios rurales.

Desde Andalucía la idea ya se ha extendido a otras comunidades —Galicia, Cataluña, Ourense, Navarra y el País Vasco— donde las llamadas «brigadas de burros» se incorporan a la gestión de montes secos propensos a incendios.

Joan Cedó, impulsor en 2020 de la iniciativa en Tivissa, apunta que el peso y el patrón de pastoreo de los burros amplifican su efecto sobre la vegetación, y que su ingestión diaria multiplica la que realizan cabras o ovejas, con la consiguiente disminución del riesgo de combustión.

Complementos y experiencias similares

La solución no excluye a otros programas: en 2016 surgió el llamado Fire Flocks Project, que mapeó las áreas con mayor incidencia de incendios y promovió un modelo productivo con pastoreo en zonas de alto riesgo. Ese proyecto integró a 22 pastores que gestionan ovejas, cabras y bovinos en casi 600 áreas sensibles, generando además productos cárnicos y lácteos de valor agregado.

Las experiencias combinadas muestran que el manejo ganadero del paisaje puede convertirse en una herramienta preventiva con beneficios ambientales, económicos y sociales.

Impacto y retos

La vuelta a prácticas tradicionales de pastoreo llega en un momento crítico: la despoblación rural y la mecanización del campo dejaron grandes extensiones sin herbívoros domésticos que antes limitaban el crecimiento de sotobosque y matorral. Sin esa presión de pasto, las finas capas de vegetación se acumulan y, en veranos más intensos, favorecen incendios de mayor magnitud.

Escalar programas de pastoreo con burros plantea retos logísticos —gestión sanitaria, puntos de agua, coordinación con brigadas forestales— y requiere políticas públicas que incentiven la recuperación de actividades rurales compatibles con la conservación.

En términos prácticos, estas son las ventajas y desafíos principales:

  • Ventajas: reducción del combustible vegetal, preservación de hábitats, generación de empleo local y menor huella tecnológica.
  • Desafíos: necesidad de infraestructuras básicas, formación de pastores, normativas de protección en parques y financiación sostenible.

Con veranos cada vez más calurosos y sequías más prolongadas, la experiencia de Doñana y las brigadas de burros ofrecen una alternativa tangible para reducir la vulnerabilidad de los bosques y proteger especies sensibles, sin renunciar a soluciones de bajo impacto que conectan gestión ambiental y vida rural.

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